Hay deseos que nos encantan… y otros que preferimos esconder debajo de la alfombra emocional para que nadie los vea. 😅 Pero desde la mirada que hemos venido trabajando en Kabbalah, el deseo no necesita convertirse inmediatamente en enemigo. Primero necesita ser observado.
Cuando aparece un deseo, solemos irnos a uno de dos extremos: obedecerlo automáticamente o condenarnos por sentirlo. Y existe una tercera posibilidad mucho más interesante: hacer espacio entre el deseo y nuestra respuesta.
Piénsalo. Sentir “quiero esto” no significa necesariamente “tengo que hacerlo”. Tampoco significa “soy malo por quererlo”. El deseo puede convertirse en una oportunidad para conocernos.
Pregúntate: ¿qué estoy queriendo realmente recibir?
Porque muchas veces perseguimos el canal confundiendo el canal con la fuente. Queremos reconocimiento, una persona, dinero, control, atención, comodidad o determinada experiencia porque imaginamos que ahí encontraremos plenitud.
Entonces cambia la pregunta.
En lugar de decir: “¿Por qué deseo esto?”, prueba con: “¿Qué creo que voy a recibir cuando lo consiga?”
Ahí la conversación interior cambia.
Tal vez descubras que detrás de lo que deseas estás buscando amor, seguridad, pertenencia, tranquilidad, libertad o plenitud. Y entonces el deseo deja de ser solamente un impulso y comienza a revelar información sobre tu vasija, tu Kli, tu capacidad y manera de recibir.
Observar no significa justificarlo todo. Significa no reaccionar inmediatamente.
Hoy haz un experimento sencillo: cuando aparezca un deseo fuerte, no corras detrás de él y tampoco pelees con él. Obsérvalo. Pregúntale qué promete darte.
Quizá el verdadero trabajo no sea dejar de desear.
Quizá sea aprender qué estás buscando realmente cada vez que deseas.

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