Hay una idea espiritual que a veces entendemos al revés:
“Para ser espiritual tengo que dejar de querer recibir.”
¿Entonces qué hacemos?
¿Rechazamos el amor?
¿Las oportunidades?
¿La abundancia?
¿Los aprendizajes?
¿Cuando alguien nos invite un café gritamos: “¡No puedo, estoy trabajando mi ego!”? 😂
No.
En los textos que estamos estudiando aparece algo mucho más interesante:
el problema no es recibir. El problema es convertirnos únicamente en receptores.
La propia palabra Kabbalah se relaciona con Lekabel: recibir.
Es decir, estamos estudiando una sabiduría que, desde su propio nombre, nos habla de aprender a recibir.
Y dentro de nosotros existe lo que el texto llama Ratzón Lekabel, el deseo de recibir.
Ese deseo no se presenta como algo malo.
Es nuestra naturaleza.
La cuestión es:
¿qué hacemos con aquello que recibimos?
Porque puedes imaginar dos recipientes.
Al primero le echas agua constantemente.
Recibe.
Recibe.
Recibe.
Y recibe más.
Hasta que finalmente se desborda.
Ahora imagina otro recipiente que recibe agua, pero permite que esa agua continúe hacia otros lugares.
También recibe.
Pero se convierte en canal.
Esa diferencia resume muy bien nuestra enseñanza de hoy.
Los textos lo expresan así: no se trata de recibir Luz para acumular, sino de aprender a recibir con propósito; cuando recibimos únicamente para nosotros, el placer se apaga rápidamente, mientras que recibir con intención de compartir mantiene el flujo.
Y compartir no significa necesariamente regalar todo lo que tienes y quedarte sin nada.
Eso también aparece explícitamente en nuestro material:
“No significa darlo todo y quedarte vacío, significa transformar tu vida en un canal.”
Eso cambia muchísimo las cosas.
Recibes amor.
Perfecto.
¿Cómo puede ese amor expandirse a través de ti?
Recibes conocimiento.
Maravilloso.
¿Qué haces con lo aprendido?
Recibes abundancia.
Qué bueno.
¿Qué puedes crear con ella?
Recibes una oportunidad.
Excelente.
¿En qué puede convertirse?
Porque el texto pone ejemplos muy sencillos:
Si recibes amor, lo expandes.
Si recibes abundancia, creas oportunidades.
Si recibes sabiduría, la compartes para inspirar.
Entonces quizá la pregunta espiritual no sea solamente:
“¿Cuánto estoy recibiendo?”
Sino:
“¿En qué se convierte lo que recibo cuando pasa por mí?”
Ahí aparece una imagen que me encanta.
Una vela puede encender otra vela sin quedarse a oscuras.
La primera sigue teniendo fuego.
La segunda también.
Y ahora hay más Luz.
Nuestro texto utiliza precisamente esa imagen para explicar que recibir para compartir transforma el deseo en un motor de plenitud: como una vela que enciende otra, la Luz no disminuye; se multiplica.
Esto también evita otro extremo.
Porque aprender a compartir no significa destruir nuestra capacidad de recibir.
Uno de los textos del proyecto pregunta justamente cómo equilibrar la necesidad de dar con la necesidad de recibir, y señala que dar necesita límites: no podemos dar más de lo que somos capaces ni más de lo que el receptor puede recibir.
Entonces no somos una cubeta cerrada…
pero tampoco una manguera rota. 😂
Recibimos y compartimos conscientemente.
Ahí aparece el equilibrio.
Por eso hoy quiero proponerte un ejercicio muy sencillo.
Piensa en algo bueno que hayas recibido recientemente.
Amor.
Ayuda.
Conocimiento.
Dinero.
Una oportunidad.
Paz.
Claridad.
Y hazte tres preguntas:
¿Qué recibí?
¿Qué produjo en mí?
¿Cómo puede pasar algo de esto a través de mí hacia alguien más?
Quizá recibiste una enseñanza y puedes compartirla.
Quizá alguien te escuchó cuando estabas pasando un momento complicado y ahora puedes escuchar a otra persona.
Quizá recibiste una oportunidad y puedes utilizarla para crear otra.
Quizá simplemente recibiste amor…
y hoy puedes tratar a alguien con un poquito más de amor.
Eso es dejar de ser solamente receptor.
No tienes que rechazar lo que llega.
Recíbelo.
Disfrútalo.
Agradécelo.
Permite que te nutra.
Pero después pregúntate:
“¿Cómo puede esta Luz continuar su camino a través de mí?”
Porque quizá aprender a recibir no consiste en tener las manos vacías.
Ni tampoco en cerrarlas alrededor de todo lo que llega.
Quizá consiste en algo mucho más hermoso:
abrirlas para recibir… y mantenerlas abiertas para compartir. 💙✨

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