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Yom Kippur no termina cuando termina la clase: ahí apenas empieza

Ayer te compartí algo muy especial para mí: una clase sobre Yom Kippur de mi maestro Shimon Sarfati, doblada al español por una compañera. Pero hoy quiero proponerte algo más. Porque escuchar una enseñanza puede ser hermoso… pero escucharla no significa necesariamente que algo haya cambiado en nosotros. Y ahí está precisamente la parte interesante.…

Ayer te compartí algo muy especial para mí: una clase sobre Yom Kippur de mi maestro Shimon Sarfati, doblada al español por una compañera.

Pero hoy quiero proponerte algo más.

Porque escuchar una enseñanza puede ser hermoso… pero escucharla no significa necesariamente que algo haya cambiado en nosotros.

Y ahí está precisamente la parte interesante.

Podemos llenar una libreta de apuntes, aprender palabras nuevas, escuchar horas de Kabbalah y terminar diciendo:

“¡Qué profundo!”

…para cinco minutos después volver exactamente a nuestras mismas reacciones. 😂

Entonces, ¿para qué estudiamos?

Una idea que hemos venido trabajando alrededor de Yom Kippur es que el conocimiento tiene que llevarnos a observar nuestra propia vida.

No solamente preguntarnos:

“¿Qué significa esta enseñanza?”

Sino dar un paso más:

“¿Dónde aparece esto en mí?”

Ahí cambia todo.

Porque una cosa es hablar de transformación y otra descubrir que sigo reaccionando exactamente igual cuando alguien toca el botón correcto.

Una cosa es estudiar restricción y otra observar qué hago cuando quiero contestar inmediatamente, defenderme, enojarme o demostrar que tengo razón.

Una cosa es hablar de Teshuvá y otra atreverme a mirar honestamente hacia dónde estoy llevando mi vida.

Y aquí aparece algo precioso:

Yom Kippur puede convertirse en un espejo.

No para castigarnos.

No para quedarnos atrapados pensando en todo lo que hicimos mal.

Sino para observar.

Imagínate que estás manejando y descubres que llevas varios kilómetros por el camino equivocado.

¿Qué haces?

¿Te bajas del coche para castigarte? 😂

No.

Reconoces dónde estás, corriges la dirección y continúas.

Esa imagen nos ayuda muchísimo a entender el trabajo interior.

Porque reconocer algo de nosotros mismos no tiene por qué convertirse en una guerra contra nosotros.

Puede convertirse en una oportunidad.

Tal vez descubras que reaccionas demasiado rápido.

Tal vez llevas tiempo cargando algo que no has podido soltar.

Tal vez existe una conversación pendiente.

Tal vez sigues repitiendo una conducta que sabes perfectamente que ya no te lleva hacia donde quieres ir.

O quizá simplemente te das cuenta de que llevas tanto tiempo funcionando en automático que pocas veces te preguntas:

“¿En quién me estoy convirtiendo?”

Esa pregunta vale oro.

Porque estudiar Kabbalah no debería servir solamente para saber más.

Debería ayudarnos a ver más.

Ver nuestras decisiones.

Ver nuestras reacciones.

Ver nuestras relaciones.

Ver aquello que repetimos.

Y también reconocer todo lo que sí hemos transformado.

Por eso, después de escuchar la clase de Shimon que te compartí, quiero proponerte un ejercicio muy sencillo.

Toma una hoja.

Escribe arriba:

“¿Qué estoy viendo ahora que antes no veía?”

Y no intentes escribir veinte cosas.

Busca una.

Una reacción.

Una relación.

Una decisión.

Una costumbre.

Una situación que se repite.

Obsérvala sin justificarte y también sin golpearte emocionalmente.

Simplemente mírala.

Después escribe:

“¿Qué pequeña respuesta diferente puedo elegir la próxima vez?”

Ahí comenzamos a pasar del conocimiento a la práctica.

Porque quizá la transformación no empieza haciendo algo gigantesco.

Quizá empieza cuando aparece la misma situación de siempre…

pero esta vez tú no eres exactamente la misma persona de siempre.

Y entonces comprenderás por qué escuchar aquella clase era solamente el principio.

Ahora viene la parte verdaderamente interesante:

llevar la enseñanza a tu propia vida.

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