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Esta noche, no olvides el Salmo 24 ✨

Hoy quiero pedirte algo muy concreto. Esta noche recita el Salmo 24. No necesitas hacerlo deprisa. No es una carrera, ni se trata simplemente de terminar una lectura y decir: “Listo, ya cumplí”. 😅 La propuesta es diferente: léelo con intención. Existe una antigua tradición cabalística que relaciona este Salmo con la Parnasá, el sustento…

Hoy quiero pedirte algo muy concreto.

Esta noche recita el Salmo 24.

No necesitas hacerlo deprisa. No es una carrera, ni se trata simplemente de terminar una lectura y decir: “Listo, ya cumplí”. 😅

La propuesta es diferente:

léelo con intención.

Existe una antigua tradición cabalística que relaciona este Salmo con la Parnasá, el sustento y la bendición para el año que comienza.

Y precisamente por eso vale la pena detenernos un momento.

Cuando pensamos en un nuevo año, normalmente aparecen deseos, proyectos, pendientes y cosas que queremos cambiar. Queremos que algunas puertas se abran, que determinados proyectos prosperen, corregir aquello que no funcionó y construir algo mejor.

Pero esta noche la invitación no es simplemente hacer una lista mental de todo lo que queremos.

Es entrar en la lectura con el corazón abierto.

Antes de comenzar, pregúntate:

¿Qué quiero construir este año?

Tal vez hay algo que apenas estás comenzando.

Un proyecto.

Una nueva etapa.

Una decisión.

Algo que llevas tiempo queriendo hacer y que ahora quieres convertir en realidad.

Después pregúntate:

¿Qué necesito corregir?

Porque comenzar un año nuevo también puede convertirse en una oportunidad para observar aquello que ya no queremos repetir.

Y finalmente:

¿Qué estoy preparado para recibir?

Ahí aparece una palabra importante dentro de esta tradición: Parnasá.

El sustento.

La bendición.

Aquello que necesitamos para continuar construyendo nuestra vida durante el año que comienza.

Por eso quiero proponerte algo muy sencillo.

Esta noche busca unos minutos para ti.

Sin prisas.

Toma el Salmo 24 y recítalo lentamente.

No permitas que las palabras pasen únicamente por tus ojos o por tu boca.

Deja que también pasen por tu intención.

Mientras lo lees, piensa en aquello que quieres construir.

Reconoce aquello que necesitas corregir.

Y abre el corazón hacia aquello que deseas recibir durante este nuevo ciclo.

Quizá entonces la lectura deje de sentirse como palabras que estamos pronunciando y se convierta en un momento profundamente personal.

No necesitas complicarlo.

Sólo necesitas estar presente.

Porque algunas prácticas no necesitan ser enormes para ser significativas.

A veces basta detenernos unos minutos, abrir el corazón y recordar hacia dónde queremos dirigir nuestra vida.

Así que hoy quiero dejarte esta invitación:

Esta noche recita el Salmo 24.

Hazlo despacio.

Hazlo con intención.

Piensa en tu sustento, en tus proyectos, en aquello que deseas corregir y en las bendiciones que quieres recibir durante este nuevo año.

Y sobre todo…

no solamente pienses en el año que quieres recibir. Piensa también en el año que estás dispuesto a construir.

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