A veces queremos cambiar nuestra vida sin tocar aquello que necesita cambiar.
Queremos otro resultado con las mismas reacciones, las mismas heridas, las mismas puertas abiertas al caos y, si se puede, sin mover demasiado los muebles interiores. 😅
Pero Nitztzavim nos propone algo diferente:
transformar Juicio en Misericordia.
El texto nos coloca justo antes de Rosh HaShaná y explica que entre Rosh HaShaná e Iom Kippur están los Diez Días de Juicio.
¿Y qué hacemos con una energía de juicio?
No escondernos.
No fingir que nunca nos equivocamos.
No quedarnos paralizados por miedo.
Transformarla.
Nitztzavim explica que durante este período buscamos atraer la Luz de Misericordia en lugar del Juicio severo.
Pero hay algo que me parece todavía más interesante:
la transformación empieza observando nuestras propias aberturas.
El texto explica, utilizando la figura del Satán, que éste sólo adquiere fuerza en nuestra vida cuando nosotros hacemos una abertura para él.
Eso cambia la pregunta.
Porque muchas veces pensamos:
“¿Por qué me pasa esto?”
Pero quizá también podemos preguntarnos:
“¿Dónde estoy dejando abierta la puerta?”
¿Dónde sigo alimentando algo que sé que me lleva al caos?
¿Dónde reacciono de la misma manera?
¿Dónde mi Deseo de Recibir para Sí Mismo Solamente está dirigiendo mis decisiones?
La enseñanza no busca dejarnos atrapados en nuestros errores.
Todo lo contrario.
Nos recuerda que, profundamente dentro de nosotros, está la Fuerza de la Luz del Creador.
Entonces transformar Juicio en Misericordia no significa negar lo que hicimos.
Significa descubrir qué podemos hacer ahora con ello.
Y ahí aparece una palabra fundamental:
Teshuvá.
El texto relaciona los 11 puntos sobre LANU ULVANENÚ, “a nosotros y a nuestros hijos”, con la posibilidad de rescatar la Luz que quedó atrapada en las Kelippot, esas cáscaras de negatividad que encapsulan la Luz.
Y aquí viene una enseñanza preciosa:
la Luz puede recuperarse.
¿Cómo?
El texto lo lleva directamente a nuestras relaciones:
sanando el dolor de alguien a quien hemos lastimado o dejando nosotros de sostener ese dolor.
Eso vuelve la Teshuvá tremendamente concreta.
Si hice daño, puedo reparar.
Si sigo alimentando una herida, puedo comenzar a dejarla.
Si abrí una puerta al caos, puedo comenzar a cerrarla.
Si estoy viviendo desde una intención escondida, puedo revisar desde dónde estoy relacionándome.
Ahí el Juicio deja de ser simplemente:
“Esto estuvo mal.”
Y comienza a convertirse en:
“Ahora que puedo verlo, ¿qué voy a hacer diferente?”
Eso es poderoso.
Porque el Juicio puede mostrarnos algo.
Pero la Misericordia nos permite transformarlo.
Y Nitztzavim todavía nos lleva un poquito más profundo.
Nos habla del amor simple.
Un amor sin reglas ni límites, sin intenciones ocultas y sin esa calculadora emocional que a veces llevamos en el bolsillo:
“Yo hice esto por ti…”
“Ahora te toca…”
“¿Y qué voy a recibir yo?”
El amor simple deja de hacer cuentas.
Según el texto, cuando alcanzamos esta conexión con los demás podemos limpiar la negatividad dentro de nosotros y disminuir la barrera entre nosotros y el Creador.
Entonces quizá transformar Juicio en Misericordia empieza en cosas muchísimo más cotidianas de lo que imaginamos.
Una disculpa sincera.
Una reacción que decidimos detener.
Un dolor que dejamos de alimentar.
Una relación en la que dejamos de preguntar “¿qué gano yo?”.
Una puerta al caos que hoy decidimos cerrar.
Y hay una condición importante:
el cambio debe ser genuino.
Nitztzavim advierte que no tendría sentido preocuparnos por nuestras acciones solamente porque llegó Elul o porque se acerca Iom Kippur.
La transformación verdadera debe ser consistente y permanente.
No se trata de convertirnos en santos por temporada. 😅
Se trata de aprovechar este momento para comenzar un cambio que continúe cuando las festividades hayan terminado.
Por eso Nitztzavim termina con una imagen maravillosa:
“Hoy todos ustedes están ante el Creador.”
Hoy.
No cuando seas perfecto.
No cuando hayas resuelto toda tu vida.
Hoy puedes mirar aquello que necesita transformación y comenzar.
Porque quizá la Misericordia no consiste en borrar mágicamente nuestra historia.
Consiste en descubrir que nuestra historia todavía puede tomar otra dirección.
Así que hoy prueba cambiar una pregunta.
En lugar de:
“¿Por qué estoy viviendo esto?”
pregúntate:
“¿Qué puedo transformar a partir de esto?”
Quizá justo ahí el Juicio comienza a convertirse en Misericordia.

Deja un comentario