“Ani Ledodí Vedodí Li”: Yo soy de mi amado y mi amado es mío.
Esta frase contiene una de las enseñanzas más bonitas de Elul: primero dice “yo soy de mi amado” y después “mi amado es mío”.
Primero me acerco yo.
Después ocurre el encuentro.
Y esto cambia completamente nuestra manera de entender la transformación espiritual.
A veces queremos que primero cambien las circunstancias, que alguien nos busque, que nuestra pareja comprenda, que nuestra familia responda diferente o que la Luz nos mande una especie de notificación celestial que diga: “Su transformación ha sido aprobada”. 😅
Pero Elul propone otra cosa:
Da tú el primer paso.
El deseo de acercarnos se convierte en el recipiente para recibir Luz.
Y el texto lo lleva todavía más lejos mediante la historia de Rav Zusha y Rav Elimélej, quienes llegan a la misteriosa casa de un zapatero. Detrás de una apariencia completamente cotidiana descubren algo extraordinario relacionado con los 36 Tzaddikim.
Eso nos recuerda algo fundamental: no siempre podemos reconocer la espiritualidad mirando las apariencias.
Pero la historia también presenta un conflicto todavía más profundo: guardar un secreto y, al mismo tiempo, mantener la honestidad entre dos personas.
¿Hasta dónde llega una verdadera relación?
Elul responde llevándonos más allá de una espiritualidad individual.
La transformación también sucede entre hermanos, padres, hijos, pareja y las personas con quienes compartimos nuestra vida.
Porque decir “Yo soy de mi amado y mi amado es mío” no significa solamente recibir amor cuando me conviene.
Significa comenzar a disminuir la separación.
Dejar de experimentar al otro únicamente como “alguien allá afuera” y comenzar a reconocerlo como parte de mí.
Eso implica reciprocidad.
Implica dar.
Incluso puede implicar hacer algo por el otro cuando tiene un costo personal.
Y ahí Elul deja de ser solamente un concepto bonito y comienza el verdadero trabajo.
Piensa hoy en una relación importante.
Quizá llevas tiempo esperando:
“Cuando me hable, hablamos.”
“Cuando cambie, cambio.”
“Cuando se acerque, me acerco.”
Elul voltea completamente la ecuación:
¿Y si comienzas tú?
Una llamada.
Un mensaje.
Escuchar.
Dar.
Acercarte.
Cumplir tu palabra.
Disminuir un poquito la distancia.
Prepararnos para Rosh HaShaná no consiste solamente en pensar en nuestra relación con la Luz. También podemos mirar las separaciones que hemos construido entre nosotros.
Porque quizá el camino hacia la renovación comienza cuando dejamos de preguntar:
“¿Quién debería acercarse primero?”
y simplemente damos nosotros el primer paso.
Ani Ledodí Vedodí Li.
Yo soy de mi amado…
y mi amado es mío.

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