Hay días en que nuestra boca necesita guardaespaldas. 😂
Porque una cosa es pensar algo durante cinco segundos y otra muy diferente convertirlo en palabras y soltarlo al mundo.
El texto del Zóhar que estamos estudiando cita un principio precioso de Mishlé, Proverbios 21:23:
“Quien guarda su boca y su lengua, guarda a su alma —Néfesh— de la aflicción”.
Fíjate que no dice simplemente: “Cuida tu lengua para no meterte en problemas”. El texto dirige nuestra atención hacia algo más profundo: el Néfesh.
Aquí está la idea que vale la pena llevarnos a la vida cotidiana: cuidar nuestra manera de hablar también es una manera de cuidarnos interiormente.
El pasaje lo explica hablando de milá bishá, la palabra maliciosa. Según el Zóhar, esa palabra no desaparece mágicamente después de pronunciarla. Describe todo un proceso espiritual mediante el cual el habla maliciosa termina relacionada con contaminación y aflicción para quien la levantó.
Por eso “guardar la boca” no tiene que entenderse simplemente como quedarnos callados.
Es desarrollar conciencia sobre lo que permitimos salir de nosotros.
Porque todos conocemos ese momento: alguien hace algo que nos molesta y aparece una vocecita interior diciendo:
“¡Espérate a que le cuente a fulanito!” 😂
Y quizá ahí está nuestra práctica.
No cuando estamos meditando tranquilamente y todo está precioso, sino justo en esos segundos en los que podemos elegir qué hacer con nuestra palabra.
¿Voy a alimentar esa conversación?
¿Necesito realmente decirlo?
¿Desde qué lugar estoy hablando?
El texto nos presenta la capacidad de hablar como algo profundamente relacionado con nuestra dimensión espiritual. Por eso cuidar la lengua no es solamente una regla sobre cómo tratar a los demás.
También es una práctica de protección del propio Néfesh.
Quizá hoy no necesitas cambiar todas tus conversaciones. Empieza con una.
Cuando aparezca el impulso de decir una palabra maliciosa, detente unos segundos.
Observa.
Y elige conscientemente.
Porque a veces pensamos que proteger nuestra vida espiritual requiere hacer cosas extraordinarias.
Y Mishlé nos recuerda algo mucho más cercano:
la protección también comienza en nuestra boca.

Deja un comentario