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Lashón HaRá: la palabra que lanzas también deja huella en ti

Hay palabras que duran cinco segundos en la boca… pero mucho más tiempo en nuestra vida. Cuando escuchamos Lashón HaRá, “habla maliciosa”, podríamos pensar simplemente: “Ah, sí… no andar de chismoso”. 😂 Pero el texto que estamos estudiando plantea algo bastante más profundo. A partir de Devarim 24:8, relaciona el cuidado frente a la tzaráat…

Hay palabras que duran cinco segundos en la boca… pero mucho más tiempo en nuestra vida.

Cuando escuchamos Lashón HaRá, “habla maliciosa”, podríamos pensar simplemente: “Ah, sí… no andar de chismoso”. 😂 Pero el texto que estamos estudiando plantea algo bastante más profundo.

A partir de Devarim 24:8, relaciona el cuidado frente a la tzaráat con el cuidado de nuestra conducta y posteriormente explica esta relación desde el Zóhar. El punto central es fuerte: lo que decimos no queda separado de nosotros.

El Zóhar cita: “Quien guarda su boca y su lengua, guarda a su alma de la aflicción”. Y aquí aparece algo fascinante: utiliza la palabra Néfesh, llevando el problema del habla más allá de la conversación social. La palabra tiene una dimensión espiritual.

Según el pasaje, cuando una persona levanta milá bishá, una palabra maliciosa, se produce un proceso de contaminación que finalmente alcanza al propio hablante. Es decir: creemos que estamos hablando “del otro”, pero el texto nos obliga a mirar hacia nosotros.

Ese es el giro importante.

El problema del Lashón HaRá no es solamente qué dijiste de alguien. También es qué estás haciendo contigo mientras lo dices.

Piénsalo en algo cotidiano. Alguien hace algo que nos molesta y sentimos unas ganas tremendas de contárselo a otra persona. Luego a otra. Y ya entrados en gastos, hacemos la versión extendida con escenas eliminadas y comentarios del director. 😂

El Zóhar nos invita a mirar ese impulso con mucha más conciencia.

Porque nuestra capacidad de hablar no aparece en este texto como una herramienta cualquiera. Más adelante incluso se refiere al “espíritu parlante” y señala que está dispuesto para hablar “arriba” y “abajo”, y que todo debe estar en santidad.

Entonces cuidar la lengua no significa únicamente “portarnos bien”.

Significa reconocer el enorme valor que tiene nuestra palabra.

Antes de hablar de alguien podemos hacer una pequeña pausa y preguntarnos:

¿Qué estoy levantando con estas palabras?

No necesitas convertirte en estatua ni hacer voto de silencio. 😅 Se trata de comenzar a observar la huella que dejamos cada vez que hablamos.

Porque según este pasaje del Zóhar, una palabra maliciosa no solamente viaja hacia afuera.

También deja huella en quien la pronuncia.

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