¿Alguna vez has sentido que crecer espiritualmente es una montaña demasiado alta? Que hay tantas cosas por cambiar, aprender y corregir que, en lugar de darte paz, el camino termina agotándote.
Parashá Shofetim nos invita a mirar todo desde otro lugar. Utiliza el ejemplo de un contratista que construye el palacio del rey. Si pidiera un préstamo para un capricho personal, tendría que pensar muy bien cuánto solicitar. Pero si el dinero es para construir el palacio del propio rey, la situación cambia por completo.
Así sucede con nuestro trabajo espiritual.
Muchas veces pensamos que transformarnos es únicamente una obligación o algo que hacemos por el Creador. Sin embargo, el texto nos revela una idea profundamente liberadora: toda esa transformación también es para nuestro propio beneficio.
Entonces surge una pregunta hermosa: si el Creador lo tiene todo, ¿qué podríamos darle que ya no posea?
La respuesta cambia nuestra perspectiva. Lo que Él desea es que vivamos con bienestar y felicidad. Por eso nos invita a permanecer conectados con la Luz, amar al prójimo como a nosotros mismos, tratar a cada persona con dignidad y aprender a reconocer Su presencia en cada ser humano.
Cuando comprendemos esto, el trabajo espiritual deja de sentirse como una carga y comienza a convertirse en un regalo. Ya no caminamos por obligación, sino porque cada paso nos acerca a una vida más plena.
Quizá hoy no necesitas hacer algo extraordinario. Tal vez basta con recordar que cada acto de bondad, cada gesto de respeto y cada momento en el que eliges conectar con la Luz también está construyendo tu propia vida.
El verdadero propósito del trabajo espiritual nunca fue complicarte la existencia. Fue ayudarte a descubrir la felicidad que siempre ha estado esperando dentro de ti.

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