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¿Y si acercarte al Creador fuera mucho más simple de lo que imaginas?

A veces hacemos de la espiritualidad una especie de examen imposible: pensamos demasiado, buscamos señales, nos preguntamos si estamos haciendo suficiente y terminamos convirtiendo el camino hacia el Creador en otra fuente de preocupación. Pero Parashá Shofetim plantea algo sorprendentemente sencillo: sé simple con tu Creador. ¿Simple significa superficial? No. Significa dejar de complicar aquello…

A veces hacemos de la espiritualidad una especie de examen imposible: pensamos demasiado, buscamos señales, nos preguntamos si estamos haciendo suficiente y terminamos convirtiendo el camino hacia el Creador en otra fuente de preocupación.

Pero Parashá Shofetim plantea algo sorprendentemente sencillo: sé simple con tu Creador.

¿Simple significa superficial? No. Significa dejar de complicar aquello que necesita convertirse en vida.

El texto utiliza una imagen buenísima: imagina a un contratista encargado de construir el palacio del rey. Si pide dinero para sí mismo, seguramente tendrá miedo de pedir demasiado. Pero si lo necesita para construir el palacio del propio rey, la situación cambia completamente.

Con nuestro trabajo espiritual ocurre algo parecido.

Podemos sentir que el Creador nos está pidiendo demasiado: cambiar, transformarnos, amar, compartir, tratar dignamente a los demás, mantenernos conectados con la Luz…

Hasta que entendemos algo fundamental: esa transformación también es para nosotros.

El texto incluso hace una pregunta maravillosa: si llegáramos a convertirnos en personas completamente justas, ¿qué podríamos darle al Creador que Él no tenga ya?

Entonces cambia la perspectiva.

El trabajo espiritual deja de sentirse como una deuda y comienza a entenderse como una oportunidad para vivir con mayor bienestar y felicidad.

¿Y cómo se lleva eso a la práctica?

Permaneciendo conectados con la Luz. Amando al prójimo como a nosotros mismos. Tratando a los demás con dignidad humana. Aprendiendo a reconocer al Creador en cada cosa y en cada persona.

Ahí está lo interesante: quizá ser espiritual no consiste en hacer nuestra vida cada vez más complicada, sino en llevar la conciencia a las cosas más sencillas.

¿Cómo hablas con alguien?
¿Cómo lo tratas?
¿Qué haces cuando nadie te está viendo?
¿Puedes encontrar Luz en la persona que tienes enfrente?

Tal vez hoy no necesites resolver toda tu vida espiritual.

Prueba algo mucho más sencillo: elige a una persona y trátala con verdadera dignidad.

Quizá descubras que acercarte al Creador comienza mucho más cerca de lo que pensabas.

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