Hay una palabra que me encanta al inicio de esta porción de la Torá: “Mira”.
Curiosamente, el texto no dice: “Escucha la bendición y la maldición”. Dice “Mira”. Y eso cambia todo.
Escuchar algo siempre deja espacio para la duda. Alguien pudo exagerar, malinterpretar o simplemente equivocarse. Pero cuando ves algo con tus propios ojos, ya no depende de lo que otro te contó. Se convierte en una realidad para ti.
La enseñanza es poderosa.
La bendición no es una promesa lejana ni una recompensa que quizá llegue algún día. La Torá nos invita a verla como una realidad tan evidente como aquello que tenemos frente a nosotros.
Después aparecen dos montañas: Guerizim y Eval.
No representan dos lugares distintos donde unas personas buenas reciben premios y otras malas reciben castigos. Representan algo mucho más cercano: cada decisión que tomamos.
Todos los días estamos parados entre esas dos montañas.
Cada palabra que decimos.
Cada pensamiento que alimentamos.
Cada reacción que elegimos.
Siempre existe un camino que nos acerca a Hashem y otro que nos aleja.
Lo interesante es que nadie decide por nosotros.
Eso es el libre albedrío.
Hashem presenta ambos caminos, pero la elección permanece en nuestras manos.
Y quizá la reflexión más profunda sea ésta: muchas veces pensamos que la bendición aparece cuando cambian nuestras circunstancias. Sin embargo, este texto nos invita primero a cambiar nuestra manera de mirar.
Cuando aprendemos a ver con claridad, también empezamos a reconocer las oportunidades, la guía y la presencia de Hashem en lugares donde antes sólo veíamos problemas.
Tal vez la verdadera pregunta no sea cuál montaña tienes enfrente.
La verdadera pregunta es:
¿Hacia cuál estás caminando hoy?

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