¿Alguna vez has sentido que, justo cuando empiezas a crecer, algo te vuelve a jalar hacia abajo? Como si dieras dos pasos adelante y uno atrás. Según la Parashat Ëkev, eso no es casualidad.
La palabra Ëkev significa “talón”. Y aunque parezca una parte pequeña del cuerpo, la Kabbalah nos invita a verla como un símbolo enorme.
Los kabbalistas enseñan que las almas de nuestra generación provienen de los pies de Adam. Es decir, de la parte más cercana al mundo físico. Precisamente ahí es donde todavía queda trabajo por corregir.
¿Y qué significa eso en la vida diaria?
Que vivimos muy conectados con la realidad material: las preocupaciones, los pendientes, el dinero, las emociones, el cuerpo y todo aquello que constantemente llama nuestra atención. Es ahí donde también aparece la resistencia al crecimiento.
El texto explica que los pies de Adam están vinculados con Maljut, el mundo físico, donde el Satán intenta mantener el control. No porque sea invencible, sino porque sabe que mientras permanezcamos atrapados únicamente en lo material, será más difícil recordar quiénes somos realmente.
Pero aquí aparece una idea profundamente esperanzadora.
Cuando una persona comienza a elevar su conciencia, deja de vivir únicamente desde sus “pies”. Empieza a mirar la vida desde una perspectiva más amplia, más elevada y más consciente. Y desde ahí, aquello que antes parecía dominarla comienza a perder fuerza.
Quizá por eso muchas veces el verdadero crecimiento espiritual no consiste en escapar del mundo, sino en aprender a vivir dentro de él sin quedar atrapados por él.
Ëkev nos recuerda que incluso el lugar más bajo puede convertirse en el punto desde donde iniciamos el ascenso.
Porque todo camino hacia la Luz comienza dando un paso… precisamente con los pies.

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