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El miedo como herramienta del ego

¿Y si el mayor obstáculo de tu vida no fuera el miedo, sino creer todo lo que el miedo te dice? Hay una diferencia enorme entre sentir miedo y dejar que el miedo tome las decisiones por nosotros. Todos lo hemos vivido. Queremos hacer algo importante, empezar un proyecto, pedir perdón, cambiar un hábito o…

¿Y si el mayor obstáculo de tu vida no fuera el miedo, sino creer todo lo que el miedo te dice?

Hay una diferencia enorme entre sentir miedo y dejar que el miedo tome las decisiones por nosotros.

Todos lo hemos vivido. Queremos hacer algo importante, empezar un proyecto, pedir perdón, cambiar un hábito o dar un paso que sabemos que puede mejorar nuestra vida. Justo en ese momento aparece una voz muy convincente:

”¿Y si sale mal?”

”¿Y si no eres capaz?”

“Mejor espera un poco más.”

Lo curioso es que esa voz casi nunca grita. Habla bajito. Parece prudente, incluso lógica. Pero si la escuchamos demasiado tiempo, termina convirtiéndose en una cárcel invisible.

El ego utiliza el miedo para mantenernos exactamente donde estamos.

No necesita derrotarnos.

Le basta con convencernos de que hoy no es el momento.

Y mañana repetirá exactamente el mismo discurso.

Así pasan semanas, meses o incluso años.

No porque nos falte capacidad, sino porque el miedo consiguió algo mucho más poderoso: que dudáramos de nosotros mismos.

Por eso vale la pena detenernos un instante y hacernos una pregunta diferente.

¿Este miedo realmente me está protegiendo… o simplemente me está impidiendo crecer?

La respuesta puede cambiar muchas cosas.

Porque el miedo mira únicamente lo que podría perderse.

En cambio, cuando damos un paso consciente, también descubrimos todo lo que podríamos ganar.

No necesitas dejar de sentir miedo para avanzar.

Necesitas dejar de entregarle el volante.

Tal vez el valor no sea caminar sin miedo.

Tal vez el verdadero valor sea caminar aunque el miedo venga sentado al lado.

Hoy no permitas que una emoción temporal decida el rumbo de una vida completa.

Da un paso.

Después otro.

Y deja que tus acciones le enseñen al miedo que ya no tiene la última palabra.

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