¿Te has preguntado alguna vez qué es lo que realmente nos mueve a actuar? Según la sabiduría de la Kabbalah, todo en el universo, desde una piedra hasta una estrella, está compuesto por energía-inteligencia. Pero lo más interesante es que esta energía tiene dos caras o polaridades básicas que impulsan tanto el cosmos como nuestro comportamiento.
La Polaridad del Ego: Recibir para uno mismo La cara negativa de este campo energético se llama «Deseo de Recibir Sólo para Uno Mismo». Es como una fuerza de gravedad interna que nos hace pensar solo en nuestras necesidades, y los kabbalistas la identifican como la inteligencia del cuerpo físico. El problema es que este deseo funciona como un «agujero negro»: absorbe y consume, pero al final siempre nos deja en la oscuridad porque crea separación y fragmentación en nuestra vida.
La Polaridad del Alma: Recibir para compartir Por otro lado, tenemos la parte positiva: el «Deseo de Recibir con el Propósito de Compartir», que es la energía-inteligencia de nuestra alma. Aquí es donde ocurre el milagro. No se trata de dejar de desear, sino de cambiar la intención. Al desear para compartir, nos convertimos en un canal de Luz, creando equilibrio y salud en nuestro entorno.
El cortocircuito del «Pan de la Vergüenza» ¿Por qué nos sentimos vacíos cuando solo recibimos? Porque nuestra alma siente algo llamado «Pan de la Vergüenza», que es la culpa metafísica de recibir algo que no nos hemos ganado. Para eliminar ese sentimiento, necesitamos aplicar «restricción», que funciona como el filamento de un foco: detiene la corriente directa para transformarla en luz. Cuando aprendemos a balancear estas dos fuerzas, dejamos de ser víctimas de las circunstancias para convertirnos en los creadores de nuestro propio destino.

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