¿Te ha pasado que empiezas un cambio con muchísimas ganas… y unas semanas después ya no queda nada de ese entusiasmo?
No es porque seas débil. Muchas veces simplemente te falta la energía correcta.
Devarim nos deja una enseñanza muy profunda: para transformar la vida no basta con tener buenas intenciones. La transformación necesita tres fuerzas que trabajan juntas como si fueran las patas de un banco. Si una falta, tarde o temprano todo pierde estabilidad.
La primera es la energía para el trabajo espiritual.
No se trata de hacer más cosas, sino de hacer el trabajo más importante: transformarnos a nosotros mismos. Es atrevernos a salir de la comodidad, dejar de reaccionar automáticamente y asumir responsabilidad por nuestra vida. Es el trabajo silencioso que nadie ve, pero que cambia todo.
La segunda es el entusiasmo espiritual.
No es la emoción pasajera que dura después de escuchar una conferencia o leer un libro inspirador. Es una alegría que nace desde adentro, porque encontramos propósito en el camino. Cuando aparece este entusiasmo, el esfuerzo deja de sentirse como una carga y comienza a convertirse en una oportunidad de crecimiento.
Y la tercera es la perseverancia espiritual.
Es la fuerza que nos sostiene cuando ya no hay aplausos, cuando los resultados tardan en llegar o cuando el camino parece difícil. No nace del orgullo ni de la obligación; nace del deseo profundo de acercarnos cada día más a la Luz.
Las tres energías se necesitan mutuamente.
El trabajo espiritual sin entusiasmo puede convertirse en rutina.
El entusiasmo sin perseverancia desaparece con el tiempo.
Y la perseverancia sin trabajo interior pierde dirección.
Devarim nos recuerda que la verdadera transformación no ocurre en un solo momento extraordinario. Se construye cada día, con pequeñas decisiones que fortalecen estas tres energías.
Tal vez hoy no necesites hacer más.
Quizá lo que necesitas es alimentar la energía correcta para seguir creciendo.
¿Cuál de estas tres energías sientes que hoy necesita fortalecerse más en tu vida?

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