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No buscas cosas, buscas la energía que hay en ellas

Imagina que tienes una sed insoportable. Alguien te ofrece un vaso de cristal tallado, hermoso y carísimo, pero… está vacío. ¿Te sirve de algo? Claro que no. En la vida nos pasa igual: nos obsesionamos con el «vaso» (el coche, el puesto, la casa) y nos olvidamos de lo que realmente sacia nuestra sed: el…

Imagina que tienes una sed insoportable. Alguien te ofrece un vaso de cristal tallado, hermoso y carísimo, pero… está vacío. ¿Te sirve de algo? Claro que no. En la vida nos pasa igual: nos obsesionamos con el «vaso» (el coche, el puesto, la casa) y nos olvidamos de lo que realmente sacia nuestra sed: el agua. En la Cabalá, a esa esencia que llena todo le llamamos Luz y a nosotros mismos nos llamamos la Vasija.

¿Qué es la Luz? El dador infinito Los cabalistas explican que antes del Big Bang existía una fuerza inteligente y benévola: la Luz Infinita. Su única naturaleza es compartir e impartir bendiciones ilimitadas. Es la fuente de toda la alegría, la plenitud y la paz que conocemos. Pero piénsalo: para que alguien dé, tiene que existir alguien que reciba. No puedes ser un «profesor» si no tienes alumnos.

¿Qué eres tú? El deseo puro Ahí entramos nosotros. La Luz creó un recipiente infinito para poder volcar toda su energía: la Vasija o el Alma Original. Nuestra esencia fundamental es el Deseo de Recibir. Absolutamente todo lo que haces, desde cambiarte de silla para estar más cómodo hasta buscar el éxito profesional, es un intento de tu Vasija por recibir placer o energía.

El error del 1%: Confundir el envoltorio con el regalo Aquí es donde nos bloqueamos. Creemos que queremos la manzana, pero nuestro cuerpo realmente busca las calorías, la energía que hay detrás de la fisicalidad del fruto. Lo físico es solo el «Mundo del 1%», una ilusión de los sentidos que nos engaña. La verdadera plenitud está en el «Mundo del 99%», el reino de la energía pura.

Cuando te sientes vacío, estresado o deprimido, no es porque te falte dinero o amor físico; es simplemente la ausencia de Luz en esa área de tu vida. Es como un cuarto oscuro: la oscuridad no existe, es solo que falta encender la lámpara.

Tu propósito: Ser un canal, no un barril sin fondo Vinimos a este mundo para aprender a recibir correctamente. En el estado original recibíamos todo «gratis», y eso nos causó una incomodidad metafísica llamada el Pan de la Vergüenza. Para eliminar ese vacío, decidimos ganarnos la Luz transformando nuestro deseo de «recibir para uno mismo» en un deseo de «recibir para compartir».

Cuando actúas como la Luz (compartiendo), creas Afinidad de Forma y la abundancia fluye hacia ti de manera natural y constante. Deja de ser un receptor pasivo y conviértete en el arquitecto de tu plenitud. ¡La Luz ya está ahí, solo falta que agrandes tu Vasija!

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