Hay momentos en la vida en los que sentimos que todo pesa más. Los planes se complican, las emociones parecen más intensas y hasta la esperanza se siente un poco más lejana.
La Parashat Pinejás nos presenta una enseñanza sorprendente sobre este tipo de momentos.
El texto explica que existe un período especial comprendido entre el 17 de Tamuz y el 9 de Av, conocido como las Tres Semanas. A simple vista parecen ser los días más difíciles del año, pero la Kabbalah revela una paradoja extraordinaria: precisamente en ese tiempo se encuentra escondida la Luz Preservada, la Luz más grande que fue ocultada desde la Creación.
¿Cómo puede la mayor Luz estar escondida en los días que parecen más oscuros?
El texto responde que el problema no está en la Luz, sino en nuestra capacidad para percibirla.
Cuando vivimos dominados por el Deseo de Recibir para Sí Mismo Solamente, la Luz puede parecer oscuridad. No porque haya desaparecido, sino porque nuestra conciencia todavía no está preparada para recibirla.
Es como entrar a una habitación iluminada después de haber permanecido mucho tiempo en completa oscuridad. Al principio, la intensidad de la luz incluso puede incomodar nuestros ojos. La luz no hace daño; simplemente necesitamos adaptarnos a ella.
Por eso estas Tres Semanas no son un tiempo para el desánimo, sino para la preparación.
Preparar el corazón.
Preparar la conciencia.
Preparar nuestras acciones.
Cada pequeño esfuerzo por transformar nuestra naturaleza nos acerca un poco más a esa Luz que ya está presente, esperando el momento en que podamos reconocerla.
La enseñanza también presenta a Pinejás como un sanador. No porque tuviera una fórmula secreta, sino porque no reaccionaba impulsivamente. Antes de actuar, hacía una pausa. Esa capacidad de restringir la reacción era el inicio de toda verdadera sanación.
Quizá esa sea también nuestra práctica durante este tiempo.
Antes de responder, hacer una pausa.
Antes de reaccionar, respirar.
Antes de juzgar, comprender.
La Luz Preservada no aparece porque cambie el mundo. Comienza a revelarse cuando cambia nuestra manera de vivirlo.
Tal vez las etapas más difíciles de nuestra vida no sean el final del camino.
Quizá sean el lugar donde la Luz más grande está esperando que aprendamos a verla.

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