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La decisión que cambia tu destino: ¿Vivir para recibir o aprender a compartir?

Hay una pregunta que casi nunca nos hacemos, pero que puede cambiar completamente nuestra forma de vivir: ¿Desde dónde estoy tomando mis decisiones? La Parashat Pinejás nos presenta una enseñanza muy profunda explicada por Rav Yehudá Áshlag. Según este texto, el gran trabajo espiritual del ser humano consiste en transformar el Deseo de Recibir para…

Hay una pregunta que casi nunca nos hacemos, pero que puede cambiar completamente nuestra forma de vivir:

¿Desde dónde estoy tomando mis decisiones?

La Parashat Pinejás nos presenta una enseñanza muy profunda explicada por Rav Yehudá Áshlag. Según este texto, el gran trabajo espiritual del ser humano consiste en transformar el Deseo de Recibir para Sí Mismo Solamente en el Deseo de Compartir.

No se trata de dejar de tener necesidades. Todos necesitamos alimento, descanso, afecto y seguridad. El punto está en la intención que guía nuestras acciones.

Cuando todo gira únicamente alrededor de “yo”, “lo que quiero”, “lo que me falta” o “lo que puedo obtener”, comenzamos a alejarnos de la Luz. El texto explica que esta separación no ocurre de golpe; sucede poco a poco, decisión tras decisión.

Y esa separación tiene consecuencias.

La enseñanza afirma que la muerte no comienza cuando el cuerpo deja de respirar. Comienza cuando el Deseo de Recibir domina completamente nuestra conciencia y nos desconecta de la Luz, que es la verdadera fuente de la vida.

Por eso Pinejás representa un ejemplo tan poderoso. Él demuestra que es posible cambiar nuestra naturaleza. No porque deje de existir el deseo, sino porque aprende a dirigirlo hacia un propósito más elevado.

Imagina una ventana. Si permanece cerrada, la luz del sol sigue brillando afuera, pero el interior permanece oscuro. La luz nunca desapareció; simplemente dejamos de permitir que entrara.

Así ocurre con nuestra vida.

La Luz permanece disponible, pero somos nosotros quienes decidimos si abrimos o cerramos esa ventana mediante nuestras acciones y nuestra intención.

Cada acto de compartir, cada momento en que dejamos de reaccionar únicamente pensando en nosotros mismos, abre un poco más esa ventana.

No hace falta esperar grandes oportunidades.

Podemos comenzar hoy.

Con una palabra amable.

Con una ayuda desinteresada.

Con una escucha sincera.

Con un momento de paciencia.

La transformación espiritual no ocurre en un solo instante. Es la suma de pequeñas elecciones que, poco a poco, nos acercan nuevamente a la Luz.

Quizá esa sea la enseñanza más hermosa de Pinejás: la vida no cambia únicamente porque cambien nuestras circunstancias.

La vida cambia cuando cambia aquello que mueve nuestro corazón.

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