Hay una pregunta incómoda que aparece en la Parashat Kóraj y que vale la pena hacernos con honestidad:
¿Cómo puede una persona justa, sabia y espiritualmente preparada terminar cayendo tan profundamente?
Normalmente pensamos que los errores graves ocurren por ignorancia. Creemos que quien sabe más se equivoca menos. Pero la historia de Kóraj nos muestra algo muy diferente.
Kóraj no era una persona común. Tenía conocimiento, posición, influencia y riqueza. Había estudiado, entendía la Torá y poseía un nivel espiritual elevado. Sin embargo, terminó perdiéndolo todo.
¿Por qué?
La clave aparece en la primera palabra de la parashá: “Vaikaj”, que significa “tomó”.
No dice que compartió.
No dice que sirvió.
No dice que entregó.
Dice que tomó.
Y ahí encontramos una de las lecciones más profundas de todo el relato.
El verdadero trabajo espiritual no consiste solamente en aprender más cosas. Tampoco consiste en acumular conocimientos, libros, cursos o enseñanzas.
El verdadero trabajo consiste en transformar nuestra naturaleza.
Kóraj sabía mucho, pero seguía funcionando desde la conciencia de recibir para sí mismo.
Y aquí aparece un peligro que puede alcanzar a cualquiera.
Podemos estudiar durante años.
Podemos memorizar textos.
Podemos participar en actividades espirituales.
Podemos hablar de Luz, conciencia y crecimiento.
Pero si nuestro corazón sigue buscando reconocimiento, control, poder o superioridad, seguimos atrapados en la misma conciencia receptora.
El problema no era la falta de sabiduría.
El problema era que la sabiduría no había producido una transformación interior.
Por eso el Zóhar enseña que cuando una persona persigue algo que no le pertenece, termina perdiendo incluso aquello que ya posee.
Y esto ocurre todos los días.
Sucede cuando dejamos de agradecer lo que tenemos porque estamos obsesionados con lo que nos falta.
Sucede cuando nos comparamos constantemente con otros.
Sucede cuando el ego nos convence de que merecemos más que los demás.
Sucede cuando creemos que nuestro crecimiento nos hace superiores en lugar de más humildes.
El autoengaño espiritual es particularmente peligroso porque suele disfrazarse de buenas intenciones.
Creemos que buscamos justicia cuando en realidad buscamos reconocimiento.
Creemos que buscamos verdad cuando en realidad buscamos tener la razón.
Creemos que buscamos crecimiento cuando en realidad buscamos alimentar nuestro orgullo.
Por eso la historia de Kóraj sigue siendo tan actual.
No es solamente la historia de una persona.
Es la historia de cualquier momento en nuestra vida en el que dejamos de transformarnos y comenzamos simplemente a acumular conocimiento.
La verdadera grandeza no consiste en cuánto sabemos.
Consiste en cuánto hemos cambiado.
Porque el conocimiento puede llenar la mente.
Pero sólo la transformación puede elevar el alma.

Deja un comentario