Hay una idea fascinante en la Parashá Behaälotejá.
Una idea tan sencilla que podría parecer obvia, pero tan profunda que puede cambiar por completo nuestra forma de ver la vida.
El texto nos enseña que cualquier cosa que hagamos sólo puede manifestarse gracias a la Luz.
Y para explicarlo utiliza una imagen extraordinaria.
Imagina una computadora moderna.
Tiene un procesador poderoso.
Tiene memoria.
Tiene pantalla.
Tiene teclado.
Tiene programas.
Tiene todo lo necesario para funcionar.
Pero hay un problema.
No tiene electricidad.
¿De qué sirve todo ese potencial si no existe energía que lo active?
La respuesta es evidente.
No sirve de nada.
La computadora puede contener posibilidades infinitas, pero sin energía permanece inmóvil.
La parashá nos dice que algo parecido ocurre con nosotros.
Podemos tener talento.
Podemos tener inteligencia.
Podemos tener conocimientos.
Podemos tener recursos.
Podemos tener sueños.
Pero sin la Luz, nada de eso puede manifestarse plenamente.
Y aquí encontramos una de las enseñanzas más importantes de esta porción.
Muchas veces creemos que somos nosotros quienes producimos los resultados.
Creemos que nuestro esfuerzo, nuestras capacidades o nuestros conocimientos son suficientes.
Sin embargo, el texto nos invita a recordar que existe una fuente de energía mucho más profunda que sostiene toda manifestación.
La Luz.
La fuerza que permite que aquello que está en potencia se convierta en realidad.
La energía que convierte las posibilidades en experiencias.
La fuerza que permite que los cambios ocurran.
Cuando observamos nuestra vida con honestidad, descubrimos que muchas veces hemos tenido todas las herramientas necesarias para avanzar, pero algo parecía faltar.
Como una computadora perfectamente construida que no logra encender.
La enseñanza de Behaälotejá es que el verdadero trabajo espiritual consiste en fortalecer nuestra conexión con la Luz.
Porque la Luz no sólo ilumina.
También activa.
También impulsa.
También transforma.
El texto no presenta a la Luz como una idea abstracta o lejana.
La presenta como la energía fundamental detrás de toda manifestación.
Detrás de cada avance.
Detrás de cada transformación.
Detrás de cada paso hacia adelante.
Por eso esta enseñanza resulta tan poderosa.
Porque cambia la pregunta.
Muchas veces preguntamos:
¿Qué me falta?
¿Qué herramienta necesito?
¿Qué conocimiento debo adquirir?
Pero quizá la pregunta más importante sea:
¿Qué tan conectado estoy con la fuente de energía que permite que todo eso funcione?
La computadora ya posee su potencial.
Sólo necesita electricidad.
Nosotros ya poseemos capacidades, talentos y posibilidades.
Lo que necesitamos es fortalecer nuestra conexión con la Luz.
Y cuando esa conexión se fortalece, algo extraordinario sucede.
Lo que parecía imposible comienza a moverse.
Lo que parecía estancado comienza a avanzar.
Lo que parecía apagado vuelve a encenderse.
La parashá nos recuerda que detrás de toda manifestación existe una fuente de energía invisible.
Y cuanto más conscientes somos de ella, más capaces somos de permitir que la Luz se exprese a través de nuestra vida.
Quizá hoy sea un buen momento para preguntarnos:
¿Estoy intentando hacerlo todo únicamente con mis propias fuerzas?
¿O estoy permitiendo que la Luz participe también en el proceso?
Porque una computadora sin electricidad puede tenerlo todo.
Y aun así permanecer apagada.
La Luz es lo que convierte el potencial en realidad.

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