A veces pensamos que con tener salud y trabajo «ya la armamos». Pero, si te fijas bien, hay una diferencia enorme entre estar vivo y estar protegido. En mis años de práctica entre el Tai Chi Gong Fit y el estudio de Zohar al Descubierto, he aprendido que el ser humano es como una lámpara que tiene dos tipos de energía.
La Luz Interna (Or Pnimí): Tu batería de fábrica Todos nacemos con una «Luz Interna». Es esa energía que te mantiene físicamente. Es la que hace que tu corazón lata, que tus pulmones respiren y que tus células se regeneren. Es tu soporte básico. Pero ojo, esta luz es limitada; es como la batería de tu celular: te sirve para que el aparato prenda, pero no te garantiza que tengas señal o que no se te caiga el teléfono.
La Luz Circundante (Or Makíf): Tu campo de fuerza personal Aquí es donde la cosa se pone interesante. Existe otra luz, la «Luz Circundante», que es esa energía espiritual que nos rodea a todos. A diferencia de la interna, esta no te viene de regalo. Es una luz que te tienes que ganar a través de tus acciones, de tus actos de bondad y de compartir con los demás.
¿Sabes por qué figuras como Moisés o los grandes maestros irradiaban algo especial? Porque su capacidad de controlar su ego era tan grande que atraían muchísima de esta Luz Circundante hacia ellos. Esta luz funciona como un imán de bendiciones y, lo más importante, como un escudo de protección.
¿Cómo activar tu protección metafísica? La clave está en la «Afinidad de Forma». La Luz siempre está ahí, queriendo entrar. Pero si tu vasija (tu ego) está llena de miedos, dudas o egoísmo, esa luz no puede «pegarse» a ti. Cuando restringes tu naturaleza reactiva —esa que te pide gritar cuando estás enojado o ser envidioso— y decides compartir, estás creando el espacio para que la Luz Circundante te envuelva.
Estar en armonía con el cosmos te da «protección»: es lo que te permite estar en el lugar correcto a la hora correcta, o no subirte a ese avión que iba a fallar, o evitar un conflicto antes de que empiece. No es magia, es física energética.
Al final del día, tu misión es atraer esa luz hacia ti para elevarte espiritualmente. No te conformes con la batería de fábrica (Luz Interna). Empieza a construir tu escudo hoy mismo. Cada vez que haces un favor sin esperar nada a cambio, estás encendiendo un foco en tu protección personal.

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