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El Enemigo que Siempre Cree Tener la Razón

Hay algo curioso sobre el ego. Casi nunca se presenta diciendo: “Hola, soy tu ego y voy a hacer que tomes una mala decisión”. No. Es mucho más inteligente que eso. Se presenta disfrazado de lógica. De experiencia. De sentido común. Incluso de sabiduría. La Parashá Behaälotejá revela una enseñanza profunda sobre este tema. El…

Hay algo curioso sobre el ego.

Casi nunca se presenta diciendo: “Hola, soy tu ego y voy a hacer que tomes una mala decisión”.

No.

Es mucho más inteligente que eso.

Se presenta disfrazado de lógica.

De experiencia.

De sentido común.

Incluso de sabiduría.

La Parashá Behaälotejá revela una enseñanza profunda sobre este tema. El texto explica que el Lado Negativo tiene una capacidad extraordinaria: convencernos de que ya lo sabemos todo.

Y cuando creemos que ya lo sabemos todo, dejamos de escuchar.

Dejamos de aprender.

Dejamos de crecer.

El ejemplo que aparece en la porción es muy poderoso.

Se nos dice que incluso si Moshé, quien hablaba en Nombre de la Luz, daba una instrucción clara, muchas personas encontraban razones para no seguirla.

No porque no entendieran.

No porque no hubieran visto milagros.

No porque les faltaran pruebas.

Sino porque el Deseo de Recibir Sólo para Sí Mismo era más fuerte.

Eso es precisamente lo que el texto llama el poder del Lado Negativo.

La capacidad de convencernos de que nuestra comodidad es más importante que nuestra transformación.

La capacidad de hacernos creer que cualquier decisión que beneficie a nuestro ego debe ser correcta.

Y aquí aparece otro fenómeno fascinante.

La racionalización.

Primero tomamos una decisión egoísta.

Después buscamos argumentos para justificarla.

No al revés.

La parashá cuenta una enseñanza extraordinaria sobre esto.

Un estudiante decidió abandonar a su maestro porque encontraba muchas cosas incorrectas en la escuela.

El maestro le hizo una sola pregunta:

“¿Descubriste esas cosas antes o después de decidir irte?”

La pregunta es brillante.

Porque muchas veces primero decidimos lo que queremos hacer y luego buscamos razones para sentirnos cómodos con nuestra decisión.

El ego es experto en fabricar explicaciones.

Puede convertir un capricho en una filosofía.

Puede transformar una excusa en una teoría.

Puede hacernos creer que estamos actuando con sabiduría cuando simplemente estamos protegiendo nuestra comodidad.

Por eso los israelitas se rebelaban constantemente contra Moshé.

Habían visto maravillas.

Habían visto milagros.

Habían visto manifestaciones extraordinarias.

Y aun así encontraban defectos.

¿Por qué?

Porque cuando el Deseo de Recibir Sólo para Sí Mismo gobierna nuestra percepción, siempre encontraremos algo que nos permita seguir haciendo lo que queremos hacer.

La enseñanza no es acerca de ellos.

Es acerca de nosotros.

Todos tenemos momentos en los que dejamos de escuchar porque ya decidimos.

Momentos en los que rechazamos una guía porque desafía nuestra zona de confort.

Momentos en los que preferimos tener razón antes que crecer.

La buena noticia es que la misma enseñanza nos ofrece una salida.

La conciencia.

La capacidad de observar nuestros pensamientos.

La disposición a preguntarnos:

¿Estoy buscando la verdad o estoy buscando justificarme?

¿Estoy escuchando para aprender o sólo para defender mi posición?

¿Estoy tomando esta decisión porque es correcta o porque es cómoda?

El ego no desaparece porque lo combatamos.

Pierde fuerza cuando lo observamos.

Cuando dejamos de creer automáticamente cada historia que nos cuenta.

Cuando nos volvemos sinceros con nosotros mismos.

La parashá nos recuerda que la verdadera libertad espiritual comienza cuando dejamos de ser esclavos de nuestras propias justificaciones.

Porque el crecimiento empieza exactamente en el lugar donde terminan las excusas.

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