Hay frases que parecen pequeñas, pero esconden mundos enteros.
En la Parashá Behaälotejá encontramos una de ellas.
Después de recibir la instrucción para encender la Menorá, el texto dice simplemente: “Y así hizo Aharón”.
A primera vista parece una aclaración innecesaria. Después de todo, ¿quién esperaría que Aharón hiciera algo diferente?
Sin embargo, precisamente ahí se encuentra una de las enseñanzas más profundas de esta porción.
La verdadera humildad no consiste en pensar menos de nosotros mismos. Consiste en reconocer que existe una sabiduría más elevada que nuestra propia opinión.
Muchas veces creemos que estamos siguiendo una enseñanza, pero en realidad la estamos modificando para que se adapte a nuestros gustos, nuestras creencias o nuestras comodidades.
Aharón hizo algo extraordinario.
No cambió nada.
No agregó detalles.
No eliminó partes.
No intentó hacerlo “a su manera”.
Simplemente siguió la instrucción.
La enseñanza de esta parashá es que el mayor obstáculo para recibir Luz suele ser la sensación de que ya sabemos suficiente.
El texto explica que el Lado Negativo tiene una habilidad muy particular: convencernos de que nuestra opinión siempre es la correcta.
Y cuando eso sucede dejamos de escuchar.
Dejamos de aprender.
Dejamos de recibir guía.
Es como la persona que visita al médico, recibe una receta y luego decide no seguirla porque cree que sabe más que quien la atendió.
No importa cuánta sabiduría tenga enfrente; mientras el ego dirija el camino, siempre encontrará una razón para hacer otra cosa.
Por eso la Torá resalta a Aharón.
Porque donde otros habrían discutido, él escuchó.
Donde otros habrían modificado, él respetó.
Donde otros habrían puesto su propia opinión primero, él eligió la humildad.
Y aquí aparece otra enseñanza importante.
Reconocer la guía de los maestros espirituales no significa perder nuestra individualidad.
Significa reconocer que existen personas que han recorrido ciertos caminos antes que nosotros.
Cuando alguien ya atravesó un sendero y comparte lo que aprendió, escucharlo puede ahorrarnos muchos tropiezos.
La humildad no nos hace más pequeños.
Nos vuelve más receptivos.
Nos permite crecer.
Nos permite recibir.
Nos permite avanzar.
La frase “Y así hizo Aharón” nos invita a observarnos.
¿Cuántas veces escuchamos únicamente aquello con lo que ya estamos de acuerdo?
¿Cuántas veces buscamos consejo cuando en realidad ya decidimos lo que queremos hacer?
¿Cuántas veces modificamos las instrucciones porque pensamos que conocemos una mejor manera?
La parashá nos recuerda que la elevación espiritual comienza cuando aprendemos a escuchar de verdad.
No escuchar para responder.
No escuchar para discutir.
No escuchar para demostrar que tenemos razón.
Escuchar para aprender.
Escuchar para transformarnos.
Escuchar para permitir que la Luz encuentre espacio dentro de nosotros.
Quizá por eso esta frase tan sencilla sigue resonando miles de años después.
Porque en un mundo donde todos quieren hablar, Aharón nos enseña el poder espiritual de escuchar.

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