,

No buscas cosas, buscas Luz: el secreto del propósito de la creación

Hay algo que vale oro y te lo voy a regalar desde el inicio: eso que llevas años persiguiendo —amor, paz, reconocimiento, abundancia, sentido— no está en las cosas, ni en las personas, ni en los logros. Está en la energía que esas experiencias contienen. Y cuando entiendes esto, algo se acomoda por dentro, como…

Hay algo que vale oro y te lo voy a regalar desde el inicio:

eso que llevas años persiguiendo —amor, paz, reconocimiento, abundancia, sentido— no está en las cosas, ni en las personas, ni en los logros. Está en la energía que esas experiencias contienen. Y cuando entiendes esto, algo se acomoda por dentro, como cuando el cuerpo encuentra por fin una postura natural y deja de doler.

Desde la Kabbalah, el corazón de toda la realidad se explica con una imagen tan simple como poderosa: Luz y Vasija.

No es poesía bonita. Es un modelo preciso del funcionamiento del universo… y de tu vida cotidiana.

La Luz y la Vasija: la arquitectura invisible de todo

La Luz representa la energía de plenitud, conciencia, vida, sentido y expansión. Es el impulso de dar, de compartir, de expresar. No necesita nada, no carece de nada. Su naturaleza es entregar.

La Vasija, en cambio, es el deseo de recibir. Somos nosotros. Es nuestra capacidad de sentir, de experimentar, de gozar, de aprender, de amar. Sin Vasija, la Luz no tiene dónde manifestarse. Sin Luz, la Vasija está vacía.

Aquí viene la clave:

👉 el propósito de la creación es que la Luz llene completamente a la Vasija.

No parcialmente.

No a ratos.

No “cuando te portes bien”.

Plenitud total.

Entonces… ¿por qué no nos sentimos plenos?

Porque confundimos el contenido con el envase.

Buscamos pareja pensando que buscamos una persona, cuando en realidad buscamos Luz de conexión.

Buscamos dinero creyendo que buscamos billetes, cuando buscamos Luz de seguridad y expansión.

Buscamos reconocimiento pensando que queremos aplausos, cuando queremos Luz de valor y significado.

El problema no es desear. El deseo es sagrado.

El problema es creer que el objeto es la fuente.

Cuando la Vasija se aferra a las formas externas, se vuelve dependiente, ansiosa y frágil. Cuando aprende a reconocer la Luz detrás de las formas, se vuelve estable, libre y consciente.

La dinámica sagrada: dar y recibir en equilibrio

El universo no funciona por castigo ni por premio. Funciona por resonancia.

La Luz quiere dar.

La Vasija quiere recibir.

Pero hay una condición fundamental:

la Vasija necesita desarrollar conciencia para poder sostener la Luz sin romperse.

Aquí entra uno de los grandes aprendizajes kabbalísticos: no todo lo que deseamos puede ser recibido de cualquier manera. Cuando el deseo es reactivo, impulsivo o egoísta, la Vasija es pequeña y la Luz se filtra… o se quema.

Por eso muchas personas “consiguen” cosas y aun así se sienten vacías.

La Luz llegó, pero la Vasija no estaba preparada.

La verdadera evolución no es acumular, es expandir la Vasija

Madurar espiritualmente no es renunciar al mundo, ni vivir en una nube, ni negar el deseo. Es afinar la intención.

Cuando tu deseo deja de ser solo “para mí” y empieza a incluir conciencia, propósito y aporte, la Vasija se expande. Y una Vasija más grande puede recibir más Luz… sin culpa, sin miedo y sin dependencia.

Este principio se ve una y otra vez en la experiencia humana: personas que atraviesan crisis profundas y, lejos de romperse, desarrollan una capacidad interna mucho mayor para disfrutar la vida. No porque perdieron cosas, sino porque ensancharon su Vasija.

No es teoría antigua: es urgente y actual

Hoy vivimos en una cultura saturada de estímulos, consumo y promesas rápidas. Nunca hubo tantas cosas disponibles… y nunca hubo tanta sensación de vacío. Eso no es casualidad.

Estamos intentando llenar la Vasija con objetos, cuando lo que necesita es Luz consciente.

Entender esta dinámica no es un lujo espiritual, es una necesidad práctica. Porque mientras sigamos buscando afuera lo que solo puede llegar desde una relación correcta entre deseo y conciencia, el ciclo de frustración se repite.

La buena noticia es esta:

la Luz no se fue.

El propósito no cambió.

La puerta sigue abierta.

Solo hace falta recordar qué es lo que realmente estamos buscando.

Y cuando eso se aclara, la vida deja de ser una carrera… y empieza a sentirse como un camino con sentido.

Tags:

Deja un comentario