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Dios no está confundido contigo: te ama y te confronta al mismo tiempo

Hay una idea que, cuando la entiendes bien, te quita kilos de culpa y toneladas de victimismo: el Creador no es bipolar ni contradictorio. El Baal Shem Tov, uno de los grandes maestros de la Kabbalah vivida, lo explicó con una claridad brutal y profundamente humana: Dios se “enoja” por nuestra negatividad, y al mismo…

Hay una idea que, cuando la entiendes bien, te quita kilos de culpa y toneladas de victimismo: el Creador no es bipolar ni contradictorio. El Baal Shem Tov, uno de los grandes maestros de la Kabbalah vivida, lo explicó con una claridad brutal y profundamente humana: Dios se “enoja” por nuestra negatividad, y al mismo tiempo ama nuestro potencial y nuestras acciones positivas. Las dos cosas. Al mismo tiempo. Sin pelearse entre sí.

La tesis es directa: amor y enojo divinos no se contradicen; se complementan. Y no solo describen cómo se relaciona el Creador con nosotros, sino cómo estamos hechos por dentro.

Desde la Kabbalah, el “enojo” divino no es berrinche celestial. Es rechazo a la negatividad, no a la persona. Es una fuerza que empuja, que incomoda, que dice: “esto no va, esto te desconecta, esto te reduce”. Psicológicamente, es muy parecido a esa parte interna que se frustra cuando repetimos patrones que ya sabemos que nos dañan. No es odio; es conciencia pidiendo corrección.

Al mismo tiempo —y aquí está lo fino— el amor divino no depende de que seas perfecto. El amor está puesto en tu potencial, en lo que puedes llegar a ser, en cada esfuerzo sincero por hacer el bien. El Baal Shem Tov enseña que el Creador ve ambas capas a la vez: lo que hoy te estorba y lo que mañana puedes encarnar. Eso es un amor adulto, no ingenuo.

La psicología moderna lo confirma: una relación sana no es la que solo valida, ni la que solo corrige. Es la que sostiene mientras confronta. Cuando solo hay enojo, se genera miedo. Cuando solo hay amor sin límites, se perpetúa la inmadurez. El equilibrio es lo que transforma.

Y aquí viene el golpe de realidad bonito: ambos aspectos coexisten en cada persona. Tú también te enojas contigo cuando te saboteas. Tú también te reconoces cuando haces algo bien. El conflicto aparece cuando crees que una parte cancela a la otra. La Kabbalah dice lo contrario: tu trabajo espiritual es aprender a vivir con ambas sin romperte.

Por eso dejar de pensar en un Dios castigador o en un Dios permisivo es urgente hoy. Esas ideas infantiles ya no sirven para una conciencia adulta. El Creador no te cancela por fallar, pero tampoco te aplaude la desconexión. Te ama demasiado como para dejarte cómodo en lo que te aleja de tu luz.

Y esto importa ahora porque vivimos en una época que confunde amor con indulgencia y límites con rechazo. El Baal Shem Tov nos recuerda algo esencial: que te confronten no significa que no te amen. A veces significa exactamente lo contrario.

Entender esto hoy puede cambiar cómo lees tus errores, tus caídas y tus momentos incómodos. Porque cuando sabes que el amor no se va, pero la negatividad sí tiene consecuencias, dejas de huir del proceso y empiezas a transformarte en serio. Y el tiempo para hacerlo no es infinito.

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