,

No fue Dios: fue tu conciencia (y eso es una gran noticia)

Déjame empezar dándote algo que vale oro en el camino espiritual: no eres una víctima cósmica. Y no lo digo para regañarte, sino para devolverte el poder. La Kabbalah es muy clara —y sorprendentemente cercana a la psicología moderna— en esto: no es “Dios me hizo esto”, es “yo me puse en esta frecuencia”. Y…

Déjame empezar dándote algo que vale oro en el camino espiritual: no eres una víctima cósmica. Y no lo digo para regañarte, sino para devolverte el poder. La Kabbalah es muy clara —y sorprendentemente cercana a la psicología moderna— en esto: no es “Dios me hizo esto”, es “yo me puse en esta frecuencia”. Y cuando entiendes eso, la vida deja de sentirse como castigo y empieza a leerse como mensaje.

La tesis es simple y contundente: el libre albedrío no es elegir entre opciones externas, sino elegir desde qué conciencia vives lo que te pasa. El mundo no reacciona a tus palabras bonitas ni a tus deseos secretos; responde a tu estado interno sostenido en el tiempo. Eso es responsabilidad espiritual.

El Zóhar lo explica sin rodeos: el juicio y la misericordia no caen al azar. Son respuestas precisas a la conciencia con la que una persona vive, decide y actúa. En términos psicológicos, no atraes experiencias por lo que dices querer, sino por lo que refuerzas con tus hábitos, emociones y justificaciones. La realidad no escucha excusas; escucha coherencia interna.

Cuando alguien dice “Dios me castigó”, normalmente está evitando una pregunta más incómoda: ¿qué elección mía me trajo hasta aquí? Y ojo, elección no siempre significa algo consciente o malintencionado. A veces elegimos desde el miedo, desde la inercia, desde heridas no resueltas. Pero sigue siendo elección. Y ahí está la llave del cambio.

En Kabbalah se dice que las elecciones determinan si atraemos Din (juicio) o Rajamim (misericordia). No porque Dios esté tomando nota en una libreta celestial, sino porque cada decisión moldea la vasija con la que recibimos la Luz. Si vivo en negación, necesito presión para despertar. Si vivo en esfuerzo sincero, recibo sostén. La Luz siempre responde, pero no siempre responde como el ego quiere.

El Baal Shem Tov lo dijo con una honestidad brutal: el Creador se “enoja” con nuestra negatividad y ama nuestra capacidad de hacer el bien. No es contradicción; es relación viva. Psicológicamente, es lo mismo que ocurre en una relación sana: hay amor, pero también límites. Hay comprensión, pero también responsabilidad.

Aquí entra el concepto más poderoso de todos: la conciencia como imán espiritual. No atraes lo que deseas; atraes lo que eres cuando nadie te está viendo. La conciencia no es pensamiento positivo, es alineación interna. Es la diferencia entre decir “quiero cambiar” y cambiar realmente tus patrones. Y eso, seamos sinceros, cuesta. Pero cuesta menos que repetir la misma lección diez veces.

Y esto es urgente hoy porque vivimos en una época que ama culpar: al sistema, a la familia, a la energía, al karma, a Mercurio retrógrado… a todo menos a uno mismo. La Kabbalah no te quita la compasión, te quita la excusa. Y eso, aunque incomode, libera.

Porque si tú te hiciste esto —consciente o inconscientemente— entonces tú también puedes rehacerlo. Pero el tiempo no es infinito, y la conciencia que no se usa se endurece. Entender esto hoy puede ser la diferencia entre repetir el ciclo… o por fin salir de él.

Tags:

Deja un comentario