Durante siglos, la Cábala fue una sabiduría presente pero invisible. No ausente, sino resguardada. Las fuentes coinciden en que su reaparición en España alrededor del año 1200 marcó un punto de inflexión decisivo: el final de un largo periodo de ocultamiento y el inicio de una expansión consciente del conocimiento espiritual más profundo del judaísmo místico. No fue un accidente histórico, sino una respuesta precisa al grado de madurez que la humanidad había alcanzado.
La tesis es clara: España, hacia el año 1200, se convierte en el umbral donde la Cábala pasa de lo susurrado a lo estudiable, de lo oculto a lo transmisible, inaugurando una nueva etapa en la relación del ser humano con las leyes universales.
El hito histórico: España (año 1200)
El acontecimiento central de este periodo es la reaparición física del texto fundamental de la Cábala: el Zohar, el Libro del Resplandor. Según las fuentes, este texto había permanecido oculto durante aproximadamente 1,200 años. Aunque su origen se remonta a la revelación transmitida por Rabí Shimón Bar Yojai, discípulo de Rabí Akiva, su difusión pública no fue posible sino hasta que las condiciones espirituales e históricas lo permitieron.
El ocultamiento no respondió a una prohibición arbitraria, sino a una lógica de protección y responsabilidad. La profundidad del Zohar —sus descripciones de la estructura de la creación, del alma humana y de la interacción entre mundos— exigía una conciencia capaz de recibirlo sin distorsión. Su aparición en España permitió, por primera vez, que cabalistas tuvieran contacto directo con un texto que hasta entonces había sido apenas mencionado en la tradición oral.
Este periodo es conocido en las fuentes como el inicio de la Segunda Revelación. A partir de finales del siglo XIII, especialmente desde 1290, se observa una aceleración notable: proliferan los escritos, se forman círculos de estudio y la Cábala comienza a consolidarse como un cuerpo doctrinal accesible a quienes se preparan para estudiarla.
El debate de autoría y la cuestión de la estatura espiritual
En el ámbito académico existe un debate bien documentado acerca de la autoría material del Zohar. Algunos investigadores sostienen que fue redactado en España por Moisés de León, cabalista del siglo XIII. Sin embargo, incluso entre quienes reconocen su posible participación editorial, hay un consenso transversal entre los grandes cabalistas: la profundidad del Zohar no puede explicarse sin la estatura espiritual de Rabí Shimón Bar Yojai.
Esta distinción es fundamental. La Cábala no mide la autoría únicamente por la pluma, sino por el nivel de conciencia desde el cual se revela el contenido. El Zohar es considerado una revelación que trasciende a su transmisor histórico inmediato, porque su coherencia interna y su alcance metafísico exceden cualquier marco individual.
Un proceso, no un evento aislado
La reaparición en España fue el primer brote visible de un proceso mucho más amplio. Antes de florecer plenamente en el norte de la península ibérica, la Cábala ya había echado raíces en Provenza a mediados del siglo XII. Textos como el Bahir circulaban y eran estudiados, preparando el terreno para una comprensión más profunda.
Siglos después, este impulso continuaría en la ciudad de Safed (Tzfat), en el siglo XVI. Allí, Rabí Itzjak Luria —conocido como el Ari— sistematizó la sabiduría del Zohar, dando lugar a la Cábala Luriánica. Esta etapa tradujo conceptos abstractos en un lenguaje más operativo, haciendo la Cábala no solo comprensible, sino practicable.
El proceso alcanza un punto decisivo en el siglo XX, cuando Rab Ashlag funda en 1922 el Centro de Cábala en Jerusalén. Por primera vez, se toma la decisión explícita de abrir los textos cabalísticos a toda la humanidad, sin distinción, cerrando un ciclo de ocultamiento milenario.
¿Por qué una reaparición gradual?
Las fuentes insisten en un punto esencial: la Cábala se ocultó porque la conciencia humana necesitaba tiempo para madurar. Revelar ciertos principios —como la estructura energética de la realidad o la interconexión de todos los niveles de existencia— habría sido incomprensible, e incluso peligroso, en contextos culturales anteriores.
La expansión coincide con avances científicos y tecnológicos que hoy facilitan la comprensión de conceptos que la Cábala ha manejado desde hace milenios. La ruptura de las barreras de tiempo y espacio, la noción de campos energéticos y la interdependencia sistémica ofrecen un lenguaje contemporáneo para ideas antiguas.
La semilla que se volvió árbol
La historia de la Cábala puede entenderse con una imagen sencilla y poderosa. Abraham y Moisés plantaron una semilla. Durante 1,200 años, esa semilla permaneció bajo tierra, viva pero invisible. España, alrededor del año 1200, fue el momento en que el brote rompió la superficie. A partir de ahí, el crecimiento fue imparable.
Hoy, ese brote es un árbol frondoso de conocimiento accesible. Comprender este proceso no es solo un ejercicio histórico; es reconocer que la Luz aparece cuando existe la capacidad de sostenerla. Y ese reconocimiento convierte el estudio de la Cábala en una responsabilidad viva, profundamente actual.

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