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🌟 Nada es casual: incluso lo “pequeño” viene cargado de Luz

Hay algo profundamente liberador cuando entendemos esto: el propósito del Creador es siempre el bien, incluso cuando nuestra mente no lo alcanza a ver. La Kabbalah, apoyándose en el Zóhar y en lecturas finísimas de la Torá, nos enseña que no existe nada sobrante, inútil o accidental en la realidad. Ni una letra. Ni una…

Hay algo profundamente liberador cuando entendemos esto: el propósito del Creador es siempre el bien, incluso cuando nuestra mente no lo alcanza a ver. La Kabbalah, apoyándose en el Zóhar y en lecturas finísimas de la Torá, nos enseña que no existe nada sobrante, inútil o accidental en la realidad. Ni una letra. Ni una palabra. Ni un momento de tu vida.

Un ejemplo poderosísimo está en la palabra “ET” (אֶׄתׄ), aparentemente innecesaria desde un punto de vista gramatical. Podría eliminarse… pero no se elimina. Y no solo eso: aparece marcada con dos puntos, algo rarísimo en la Torá. ¿Por qué? Porque ahí se esconde una enseñanza brutalmente profunda: incluso lo que parece superfluo contiene Luz.

Desde la Kabbalah, Álef y Tav representan el inicio y el final, el todo. Los dos puntos sobre “ET” funcionan como un guiño espiritual que nos dice: “Aquí también estoy Yo”. Incluso en el dolor, incluso en el caos, incluso en lo que no entiendes todavía. La Luz no se fue. Nunca se fue.

Desde la psicología y el desarrollo personal, esto cambia completamente la manera en la que interpretamos la vida. Cuando creemos que algo “no sirve”, que fue un error, que estuvo de más, entramos en resistencia, enojo y frustración. Pero cuando empezamos a mirar con conciencia —como enseña la Kabbalah— entendemos que todo evento trae una función de crecimiento, corrección y expansión de conciencia, aunque al principio duela.

Este recordatorio no es teórico. Es urgente. Vivimos tiempos donde muchas personas sienten que su sufrimiento no tiene sentido. La enseñanza de la palabra et viene a decirnos justo lo contrario: hay Luz incluso donde tu ego ve vacío. Y si aprendes a confiar, esa Luz empieza a revelarse.

Nada en tu historia es basura espiritual.

Nada fue de más.

Nada ocurrió para dañarte.

La pregunta no es “¿por qué me pasó?”

La pregunta es: ¿qué Luz está esperando que yo la reconozca aquí?

Y esa pregunta —cuando la haces de verdad— transforma la vida.

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