Hay enseñanzas que no se entienden con la cabeza, sino con la vida. La historia de Najum Ish Gam Zu es una de ellas. No es solo un relato antiguo del Talmud; es una llave espiritual que sigue funcionando hoy, especialmente cuando todo parece ir mal. Su famosa frase —“Gam Zu LeTová”, “esto también es para bien”— no es positivismo ingenuo ni autoengaño emocional: es una posición interior absoluta frente a la realidad.
Najum no decía “esto podría salir bien” ni “ojalá todo mejore”. Decía “esto ya es para bien”, incluso cuando no había ninguna evidencia externa que lo confirmara. Desde la Kabbalah, esto se llama certeza por encima de la razón, una conexión directa con la Luz que no depende de las circunstancias visibles.
La historia es conocida: el pueblo de Israel envía a Najum como emisario ante un rey poderoso, cargando una caja llena de piedras preciosas. En el camino, un posadero cambia las joyas por cenizas. Najum llega al palacio, se abre la caja… y aparecen las cenizas. Todo indica desastre. El rey se enfurece, lo acusa de burla y ordena su ejecución. Y aun así, Najum pronuncia su frase: “Gam Zu LeTová”.
Aquí ocurre algo clave: la intervención del profeta Eliyahu. Disfrazado, le sugiere al rey que esas cenizas podrían ser las mismas que usó Abraham, cenizas que se transformaban en armas espirituales. El rey las prueba… y funcionan. Las cenizas se convierten en espadas. Najum no solo salva la vida, sino que regresa con honores y riquezas.
Desde la Kabbalah, este episodio revela algo profundo: la realidad responde a la conciencia. No es que Najum “tuvo suerte”; es que su certeza abrió un canal para que la Luz se manifestara. Las cenizas no cambiaron solas: fue la conciencia de Najum la que permitió que se revelara su potencial oculto.
Psicológicamente, esto es fascinante. Najum no reacciona desde el miedo, la victimización o el enojo. Su sistema interno no entra en colapso. Su mente no se fragmenta. Eso le permite mantener claridad, presencia y coherencia interna. Hoy diríamos que tenía una regulación emocional extraordinaria, pero en términos espirituales, era algo más: confianza total en el sistema invisible.
La presencia de Eliyahu no es casual. En la tradición, Eliyahu aparece cuando una persona alcanza un nivel de certeza tan alto que ya no lucha contra la realidad, sino que camina con ella. No viene a “salvar”, sino a confirmar una conciencia alineada con la Luz.
La gran lección es incómoda pero liberadora:
👉 No todo lo que parece pérdida lo es.
👉 No todo lo que duele es castigo.
👉 No todo lo que se rompe está fallando.
Muchas veces, como en la historia, lo que creemos que eran “joyas” no podían llevarnos a donde la Luz quería conducirnos. Y lo que llamamos “cenizas” es justo el material con el que se forjará nuestra verdadera fuerza.
Hoy, en un mundo obsesionado con el control, la inmediatez y las respuestas rápidas, esta enseñanza es más urgente que nunca. Vivimos interpretando los eventos demasiado pronto, sin ver el cuadro completo. Najum nos recuerda que la certeza no es pasiva: es una práctica diaria, una elección consciente frente a cada evento.
Porque al final, la pregunta no es si todo saldrá bien.
La pregunta es: ¿desde qué conciencia estás viviendo lo que está pasando ahora?
Ahí, exactamente ahí, es donde se decide si las cenizas se quedan en cenizas…
o si se transforman en espadas.

Deja un comentario