Hay momentos en los que uno siente que necesita apoyo, dirección o claridad, y lo último que imagina es que la respuesta puede venir simplemente leyendo una Parashá. Pero la Kabbalah enseña que la lectura no es un acto intelectual, sino un canal espiritual. Y la Parashá de Vaieetzé, que narra el recorrido de Iaakov, tiene la capacidad de despertar en nosotros la misma fuerza que él encarnó. Es un regalo: cada palabra contiene una chispa de la energía que él reveló en su vida.
El Zóhar explica que Iaakov no era sólo un individuo, sino un canal colectivo. Su alma incluía la raíz de todas las almas; por eso, todo lo que él vivió sigue tocando a cada persona, sin importar dónde esté. Cuando Iaakov salió de Beersheva, la santidad de Israel salió con él. Ese detalle es clave: Iaakov abrió un camino en el que la conexión espiritual no depende del lugar físico, sino del estado interno. Si él podía llevar Israel dentro de sí, nosotros podemos llevar su energía dentro de nosotros.
La psicología moderna también muestra que la mente humana responde a los símbolos, a los relatos y a los modelos de conciencia. Cuando te conectas con una historia que refleja una estructura interna de equilibrio, confianza y propósito, tu mente empieza a organizarse alrededor de esos mismos atributos. Leer la Parashá no sólo informa: reconfigura. Es un modelo arquetípico que influye en la identidad, el ánimo y la forma de enfrentar la vida.
Aquí está la tesis central: la lectura de la Parashá no es recordar lo que Iaakov hizo; es activar lo que Iaakov representa dentro de ti. Su energía de equilibrio, de verdad y de resistencia se despierta cada vez que te conectas con su historia. No se trata de dónde estés —Israel, tu casa, el trabajo, un parque, otro país— porque Iaakov abrió precisamente el canal para conectarnos desde cualquier lugar. Él llevó Israel consigo; tú puedes hacer lo mismo.
La humanidad puede conectarse con su energía porque no es una energía territorial, sino conciencia. La Columna Central que él encarna vive en todas las personas que buscan integrar su luz y su sombra, sus extremos, sus fragmentos internos. Cuando lees la Parashá, entras en ese mismo estado vibratorio. Te alineas a su camino de claridad, a su fortaleza en los momentos de lucha, y a su capacidad de caminar aun cuando no ve el final del sendero.
Por eso esta conexión es tan relevante hoy. Vivimos en un mundo acelerado, lleno de distracciones y tensiones internas. La lectura de la Parashá es un espacio de anclaje: un momento en el que la mente y el alma reciben un patrón de orden, propósito y equilibrio. No necesitas un templo, no necesitas un estado especial, no necesitas condiciones perfectas; sólo necesitas abrir el texto y permitir que esa energía te atraviese.
La urgencia está en recordarnos que la desconexión no se corrige sola. Necesitamos actos concretos que nos devuelvan al centro. La Parashá es uno de esos actos. Y cuando decides leerla, incluso unos minutos, le abres la puerta a la misma Luz que acompañó a Iaakov cuando caminó hacia lo desconocido. Esa Luz también puede acompañarte a ti, hoy.

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