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Cuando Iaakov sale de Beersheva: el viaje que también es nuestro

Cuando la Torá dice “Y salió Iaakov de Beersheva”, parece una simple coordenada: alguien se va de un lugar y llega a otro. Pero cuando la Kabbalah entra en escena, la frase se vuelve un espejo espiritual. No habla sólo de un viaje físico, sino de una transición interna que todos, en algún momento de…

Cuando la Torá dice “Y salió Iaakov de Beersheva”, parece una simple coordenada: alguien se va de un lugar y llega a otro. Pero cuando la Kabbalah entra en escena, la frase se vuelve un espejo espiritual. No habla sólo de un viaje físico, sino de una transición interna que todos, en algún momento de la vida, estamos obligados a vivir.

Hay algo muy valioso en eso: si hoy sientes que estás saliendo de una etapa, de una relación, de una rutina o de una versión de ti mismo, esta Parashá te muestra que no estás caminando solo. Iaakov abrió ese camino antes que tú.

La salida que ocurre por dentro

La Torá no explica el motivo de su partida. No dice que escapó, que obedeció o que lo presionaron. Simplemente declara: “Iaakov salió”. Ese silencio es el mensaje. La Kabbalah enseña que las verdaderas transformaciones no empiezan fuera, sino en la conciencia.

Iaakov no salió por lo que su mamá o su papá dijeron. Salió porque su alma necesitaba moverse hacia un nuevo nivel. Y esto refleja algo profundamente humano: muchas veces tomamos decisiones que parecen externas, pero en realidad responden a un impulso interior. La vida externa sólo es el escenario donde el alma expresa lo que ya decidió avanzar.

La razón verdadera de su partida

Los sabios explican que Iaakov representaba la Columna Central, el equilibrio entre misericordia y juicio. Para activar ese equilibrio en toda la humanidad, tenía que atravesar procesos que revelaran ese nivel de conciencia. Su camino no empieza cuando llega a Jarán, sino cuando toma la decisión interna de salir.

Salir de Beersheva simboliza dejar la zona de comodidad emocional. Soltar la identidad conocida. Abrir un espacio para que aparezca una nueva dirección. Desde la psicología, esta dinámica es clara: crecer implica romper patrones, expandir límites y soportar la incomodidad de lo desconocido. La estabilidad no forma carácter; el movimiento sí.

El poder de “y salió”

El hebreo vaietzé describe más que un desplazamiento. Representa un paso hacia otro estado. Iaakov no “descendió”; se expandió. No perdió la santidad de Israel; la llevó consigo. En ese detalle está el corazón de la enseñanza: cuando la vida te obliga a moverte, no estás perdiendo nada. Estás cargando contigo el nivel que ya conquistaste, mientras te abres al que sigue.

La tradición cuenta que los ángeles acompañaron a Iaakov al salir. Es una forma poética de decir que cuando al fin haces ese movimiento que tu alma viene pidiendo desde hace tiempo, aparecen fuerzas que te sostienen. Esa ayuda llega en forma de claridad, oportunidades, amistades, ideas nuevas o una sensación interna de “este es el camino”.

La salida como despertar

Salimos de Beersheva cada vez que dejamos un lugar, una etapa, una creencia o un miedo que ya no corresponde a lo que estamos llamados a ser. Ese movimiento no es una caída, es una expansión. La salida, en realidad, es un despertar. Lo que sigue después es el proceso que nos lleva a nuestro propio “Israel”: una identidad más elevada, más consciente y más alineada con nuestra misión.

Si estás sintiendo cambios, si algo se está moviendo dentro de ti, si una parte de tu vida está pidiendo cierre o transformación, recuerda esto: Iaakov salió porque su alma sabía que quedarse era renunciar a su propósito. Tú también sabes cuando ya no cabe quien eras en el lugar donde estabas.

Un mensaje para hoy

No te aferres a un Beersheva emocional sólo porque es cómodo. Aunque parezca incierto, el paso hacia adelante es parte del diseño que te empuja a crecer. No estás perdiendo estabilidad; estás ganando dirección. No estás dejando atrás tu luz; la estás llevando contigo a un territorio donde puede expandirse.

La salida no es el final. Es el inicio real del camino.

Y justo ahí, en ese primer paso, empieza tu transformación.

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