En la Kabbalah no existen letras muertas; cada una es una puerta viva hacia dimensiones de consciencia. Dentro de Parashat Vaiierá, aparece una secuencia que ha fascinado a sabios durante siglos: las letras Álef, Iud, Vav y He, acompañadas por puntos que, según el Zóhar, no son simples adornos, sino señales de una revelación espiritual oculta. Meditar en ellas es aprender a unir lo visible con lo invisible, los mundos superiores con los inferiores, y a encoger el ego para permitir que la Luz fluya.
El texto bíblico dice: “Y le dijeron: ¿Dónde está Sará?” (Bereshit 18:9). En hebreo, las letras de “le dijeron” (elav) —Álef, Lámed, Iud, Vav— y las de “dónde” (aiéh) —Álef, Iud, He— llevan puntos sobre algunas de ellas. Los kabbalistas explican que esos puntos representan una conexión entre dos niveles de realidad: Álef, Iud, Vav aluden a los mundos superiores —Kéter, Jojmá y Biná—, mientras que Álef, Iud, He reflejan el mundo inferior, Maljut, el mundo físico donde vivimos.
La idea es simple y profunda: cuando la Luz desciende, necesita pasar por filtros, o velos, para no quemar la existencia. Los puntos sobre las letras son esos puntos de contacto, como agujeros en el velo entre los mundos. Meditar en ellos es abrir pequeñas rendijas por donde la conciencia divina puede entrar a nuestra vida.
El Zóhar enseña que al observar estas letras y sus puntos, uno debe imaginar cómo la Luz desciende desde lo infinito hacia lo finito, y cómo cada punto representa un acto de humildad divina: el Creador encogiéndose para que la Creación pueda existir. En ese mismo movimiento está el secreto de la conexión espiritual: si queremos unirnos con la Luz, debemos aprender también a encogernos.
Encogerse no significa humillarse. Significa soltar el deseo de controlar, de tener razón, de ser el centro. En psicología, podríamos decir que es disolver el ego para dar espacio al alma. Cuando una persona reduce su necesidad de destacar y comienza a escuchar, servir, o simplemente estar presente sin imponerse, se alinea con la estructura energética del universo.
Esta meditación, practicada correctamente, genera un silencio interior que no es vacío, sino plenitud. Es el momento en que el alma deja de intentar “comprender” la Luz y simplemente la siente. El pensamiento se vuelve una brisa, y lo único que queda es la experiencia de estar conectado.
Cada letra hebrea es una vasija que contiene energía divina. La Álef, silenciosa, representa el inicio de todo, la chispa del Infinito antes de cualquier forma. La Iud es un punto, la semilla del universo; la Vav es la línea que une cielo y tierra; la He es la expansión, la manifestación del alma en el mundo. Al meditarlas, imaginamos que la Álef despierta en nosotros la raíz de la Luz, la Iud nos centra en el instante, la Vav nos conecta con los demás, y la He nos invita a expresar nuestra Luz en acciones concretas.
Cuando el ego domina, esa secuencia se invierte: la He (el mundo material) intenta dominar a la Álef (la chispa divina). De ahí vienen el caos, el sufrimiento y la desconexión. Pero cuando meditamos en el orden correcto, cuando dejamos que la Luz guíe al deseo, el flujo entre los mundos se restaura.
En la práctica, puedes cerrar los ojos, visualizar las letras flotando ante ti en un espacio azul luminoso y sentir cómo los puntos sobre ellas se encienden uno por uno. Con cada punto, inhala la Luz que desciende; con cada exhalación, deja que tu ego se haga más pequeño. No lo destruyas, solo encógelo lo suficiente para que la Luz tenga espacio.
El Zóhar dice: “Hazme una abertura del tamaño del ojo de una aguja, y yo te abriré las Puertas Celestiales.” Esa abertura es tu humildad. Los puntos sobre las letras son recordatorios de que basta un pequeño espacio vacío dentro de nosotros para que la Luz entre.
Y si el Creador “se encogió” para dar vida al universo, nosotros también podemos hacerlo para dar vida a nuestra alma. En tiempos donde el ruido y la vanidad dominan, esta práctica se vuelve medicina. La humildad no te hace invisible, te hace translúcido: la Luz pasa a través de ti.
Meditar en Álef, Iud, Vav y He no es solo una práctica mística, es una reeducación del alma. Es recordar que el poder no está en brillar más fuerte, sino en abrirte a que el Infinito brille a través de ti.
✨ Hazte punto. Sé canal. Une los mundos.

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