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🌟 El Camino del Alma: No se trata de ser Avraham… se trata de ser tú en tu máxima Luz

Hay una pregunta que todos enfrentaremos algún día, y no será “¿por qué no fuiste como otro?”, sino “¿por qué no fuiste tú mismo en plenitud?”. Esa frase, atribuida a Rav Zusha de Anipoli, es una de las más poderosas que existen: “No temo que me pregunten por qué no fui Avraham, temo que me…

Hay una pregunta que todos enfrentaremos algún día, y no será “¿por qué no fuiste como otro?”, sino “¿por qué no fuiste tú mismo en plenitud?”.

Esa frase, atribuida a Rav Zusha de Anipoli, es una de las más poderosas que existen:

“No temo que me pregunten por qué no fui Avraham, temo que me pregunten por qué no fui Zusha.”

En esas pocas palabras está contenida toda la esencia del trabajo espiritual: no estamos aquí para imitar a los grandes, sino para manifestar la chispa única que el Creador colocó en cada uno de nosotros.

La Kabbalah enseña que el alma no viene a repetir, viene a revelar. Cada ser humano tiene un diseño energético irrepetible: una combinación de Luz y sombra que solo él puede equilibrar. Avraham representaba la misericordia pura —Jésed—, pero Rav Zusha entendía que él debía expresar la bondad desde su propia naturaleza, con sus límites, miedos y luchas. La comparación espiritual es una trampa del ego.

El Zóhar explica que el alma desciende al mundo con una tarea precisa: revelar la Luz en su rincón particular de oscuridad. Si Avraham encendió el fuego de la fe en su generación, tú estás llamado a encender la consciencia en la tuya. Tu camino no será igual ni debe serlo. Imitar a un patriarca no es santidad, es desconexión. Ser tú mismo, en cambio, es una forma de servir al Creador que nadie más puede reemplazar.

Desde la psicología, este principio resuena con lo que Carl Jung llamaba “el proceso de individuación”: el viaje hacia convertirnos en quienes realmente somos, integrando lo inconsciente con lo consciente, lo divino con lo humano. La Kabbalah lo llamaría “elevar Maljut hacia Kéter”: llevar la materia —tu vida cotidiana— hasta su origen espiritual.

Y aquí está la diferencia entre Avraham y nosotros, los seres comunes: Avraham ya había alcanzado esa integración. Su voluntad y la del Creador eran una sola. Nosotros, en cambio, oscilamos entre la Luz y la confusión, entre la fe y la duda. Pero eso no nos hace menos valiosos, sino protagonistas de una historia distinta: la de nuestra corrección personal (Tikún).

Rav Zusha nos recuerda que no se nos pedirá que caminemos con la fe de Avraham, sino con la nuestra. No se nos exigirá construir altares, sino derribar nuestros propios ídolos internos: la culpa, la comparación, la autoexigencia. Cada vez que elegimos actuar desde la autenticidad, nos alineamos con la energía de nuestra alma.

La espiritualidad no busca clones de santos, sino seres humanos conscientes. En el plano de la Luz, no hay jerarquías, solo coherencia: ¿estás siendo quien viniste a ser o estás viviendo la historia de alguien más? Esa es la pregunta real.

Hoy, en una época donde todos quieren parecer iluminados, Rav Zusha nos regala un recordatorio profundamente humano: la verdadera iluminación es ser fiel a tu alma. Y eso se construye día a día, entre errores y aciertos, entre caídas y despertares.

El llamado es claro: no imites la Luz de otros, cultiva la tuya. No quieras ser un Avraham, un Zusha, ni un maestro ajeno. Sé el alma que viniste a ser.

Porque si no lo haces tú, nadie más puede hacerlo.

✨ El Creador no te pide que seas perfecto… te pide que seas auténtico.

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