Hay frases en la Torá que parecen pequeñas, pero esconden universos. Una de ellas dice que “Di-s sacó el Sol de su bolsillo” el día en que Avraham se recuperaba de su circuncisión. A primera vista suena poético, incluso extraño. ¿Cómo que el Creador tiene un “bolsillo”? Pero cuando la Kabbalah y la ciencia se dan la mano, esta frase se transforma en una revelación sobre la naturaleza de la Luz, la protección divina y el poder del alma humana.
El Midrash explica que el Creador intensificó el calor del día para que nadie perturbara el descanso de Avraham, pero el sabio Rashi añade que esa expresión —“sacar el Sol de su bolsillo”— alude a un misterio mayor: que la Luz divina, normalmente filtrada por velos energéticos que protegen la Creación, fue dejada brillar sin mediación alguna. En lenguaje moderno, podríamos decir que el Creador “abrió un agujero en la capa de ozono”.
La Kabbalah enseña que el universo físico es sostenido por una serie de “pantallas” o filtros energéticos que regulan la intensidad de la Luz espiritual. Demasiada Luz —demasiada energía— puede destruir lo que no está preparado para recibirla. Exactamente igual que la radiación ultravioleta sin el filtro de la atmósfera puede quemar nuestra piel o matar la vida vegetal. Es decir, la capa de ozono es el reflejo físico de una realidad espiritual: la misericordia que limita la intensidad de la Luz para que podamos vivir.
Cuando el texto dice que el Creador “sacó el Sol de su bolsillo”, lo que realmente revela es que el equilibrio entre misericordia y juicio fue suspendido por un momento. El universo mostró su poder desnudo. Y, aun así, Avraham eligió levantarse y compartir. Mientras el sol ardía sobre su herida, él irradiaba una Luz más grande: la del alma que da sin esperar.
Desde la psicología profunda, este pasaje refleja un principio universal: cuando la vida “calienta” demasiado, cuando todo parece insoportable, lo que emerge en realidad es una oportunidad para revelar nuestra Luz interior. El calor —el estrés, la presión, el cansancio— derrite las máscaras. Nos deja vulnerables, pero también auténticos. En esos momentos, como Avraham, podemos elegir entre quejarnos o convertirnos en canales de energía luminosa.
El Zóhar enseña que todo sufrimiento contiene un exceso de Luz que no hemos aprendido a manejar. No es castigo, es energía sin dirección. Cuando la transformamos en compasión, estudio, oración o servicio, la Luz deja de quemar y empieza a sanar. Por eso, Avraham no se escondió del sol: lo enfrentó con generosidad. Y esa actitud cambió el mundo.
Científicamente, hoy sabemos que la capa de ozono —esa franja de gas que protege la Tierra de la radiación ultravioleta— ha sido dañada por las acciones humanas. No es casualidad. Todo deterioro físico en la naturaleza refleja una desconexión espiritual en la humanidad. Cuando vivimos desde el ego, desde el “yo primero”, rompemos simbólicamente el escudo energético del planeta. Cuando vivimos desde el compartir, restauramos ese equilibrio. La ecología espiritual empieza en el corazón.
La Kabbalah explica que la Luz del Creador no se limita al plano físico. Es una energía de consciencia, y cada uno de nosotros tiene su propio “ozono interno”: una capa de protección espiritual formada por actos de bondad, meditación, estudio y humildad. Cuando esa capa se debilita —cuando nos llenamos de juicio, envidia o egoísmo—, la Luz directa se vuelve abrumadora y genera caos emocional: ansiedad, miedo, tristeza. Pero cuando reforzamos ese campo con amor y servicio, la misma Luz se convierte en fuente de vitalidad, salud y propósito.
En pocas palabras, lo que el Creador hizo con Avraham fue un espejo de lo que Él hace con nosotros cuando estamos listos para crecer. A veces, la vida “sube el sol” para que descubramos cuánta Luz podemos sostener sin colapsar. La prueba nunca es castigo; es calibración.
Hoy, mientras el mundo enfrenta crisis ecológicas, emocionales y espirituales, la enseñanza de esta Parashá se vuelve urgente: cada acto de consciencia y misericordia repara una grieta en la capa de Luz del planeta. La espiritualidad auténtica no consiste en escapar del calor, sino en transformarlo.
Así que la próxima vez que sientas que la vida “te está quemando”, recuerda a Avraham: si mantienes la puerta de tu tienda abierta, si eliges dar incluso en el cansancio, no sólo te protegerás de la radiación del ego; también convertirás el sol en tu aliado. ☀️
El Creador no te castiga con el calor… te está enseñando que tú también puedes brillar. ✨

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