Hay frases que cambian destinos, y una de ellas fue la que escuchó Avraham: “Lej-Lejá”, “Vete de tu tierra, de tu parentela y de la casa de tu padre hacia la tierra que te mostraré”. Detrás de ese mandato, más que un simple viaje físico, se escondía el inicio del proceso más profundo que puede vivir un ser humano: el despertar de la conciencia.
Cuando la Kabbalah nos habla de Avraham, no se refiere a un personaje lejano en la historia, sino a una energía viva dentro de cada uno de nosotros. Ese llamado divino no fue solo para él: es la voz que todos escuchamos en los momentos en que sentimos que la vida nos queda pequeña, que el alma quiere algo más. Es esa voz que dice “ya no puedes seguir viviendo igual”, y que nos empuja a abandonar el terreno seguro de lo conocido.
🌍 El viaje físico y espiritual: más que un cambio de lugar
Avraham no solo dejó una tierra; dejó un estado mental. Su partida simboliza el desprendimiento de la identidad basada en el ego, el confort, los hábitos y las lealtades inconscientes que heredamos de la familia o del entorno. Desde la psicología profunda, podríamos decir que se atrevió a “desidentificarse” de su historia personal. En lenguaje kabbalístico, rompió las kelippot, esas cáscaras energéticas que envuelven al alma e impiden que la Luz se manifieste.
Este acto de salir de la zona de confort no es un capricho espiritual, sino una necesidad evolutiva. En términos modernos, podríamos llamarlo “crisis de sentido”; el alma comienza a rechazar lo que antes la sostenía. No se trata de mudarse físicamente, sino de cambiar de nivel de conciencia. Quien responde al llamado —como lo hizo Avraham— inicia el viaje del alma hacia su plenitud.
💎 Salir del ego: el sacrificio más grande
La Kabbalah enseña que Avraham abandonó el Deseo de Recibir solo para sí mismo, es decir, renunció al impulso egoísta de vivir para su propia satisfacción. Ese es el primer gran paso hacia la iluminación: transformar el deseo de recibir en deseo de compartir. El ego grita “quiero todo para mí”; el alma susurra “quiero dar, quiero expandirme”. Avraham eligió escuchar esa voz interna, y esa elección lo volvió un canal de bendición.
Psicológicamente, esto equivale a trascender la etapa narcisista, en la que el “yo” busca control, poder o aprobación. Avraham representa al ser humano que, en lugar de ser esclavo de sus emociones o de su historia, aprende a dirigirlas, a ser autor de su evolución. Por eso el Zóhar lo llama “Amado de Di-s”: porque amó la justicia, la verdad, y rechazó la iniquidad. Su justicia no era moralismo; era coherencia interior.
🌞 Avraham: símbolo de victoria sobre el ego
Cuando el Zóhar dice que Avraham es “el amado del Creador”, no es un halago, es una descripción energética: su alma vibraba en sintonía con la Luz. En cada paso que dio, fue disolviendo las sombras internas que lo separaban del propósito divino. Desde la psicología transpersonal, podríamos decir que Avraham alcanzó la integración del yo con el Self, la unión del individuo con su centro espiritual.
Y aquí está la clave: la bendición que recibe —“En ti serán benditas todas las familias de la tierra”— no es un premio, sino una consecuencia natural de su transformación. Cuando una persona logra vencer su ego, no solo se libera a sí misma: libera a todo el sistema. El alma que se eleva, eleva al mundo entero.
🕯 El despertar desde lo inferior hacia lo superior
El Zóhar enseña que “nada de lo de Arriba despierta si primero no despierta lo de Abajo”. Esto significa que el movimiento espiritual comienza siempre con una decisión humana. Di-s no fuerza la evolución de nadie; espera a que nosotros demos el primer paso. Cuando Avraham decidió salir, cuando renunció a su comodidad y dio ese paso al vacío, lo Superior respondió. Es el principio de la reciprocidad cósmica: cuando despiertas, el universo entero conspira contigo.
🌿 Rebbe Zusha y la liberación del pasado
El Rebbe Zusha de Anipoli explicaba que “salir de tu tierra” significa dejar atrás la basura personal, los patrones heredados y la negatividad transmitida por los padres o por vidas anteriores. No se trata de culpar al pasado, sino de comprender que el alma llega con equipaje, con lecciones pendientes. El viaje de Avraham nos enseña que solo cuando soltamos esa herencia emocional podemos entrar en la “tierra prometida”, es decir, en un nivel superior de conciencia donde fluye la Luz.
Desde la psicología sistémica, esto equivale a romper con los mandatos inconscientes del linaje, a liberarnos de lo que ya no nos pertenece. No es negar el origen, sino trascenderlo.
🌧 Rav Tzevi Elimélej (Nes Asjar): el dolor como herramienta de expansión
Rav Tzevi Elimélej enseñaba que cada dificultad, cada dolor o pérdida, es una oportunidad que el Creador nos ofrece para descubrir lo que realmente necesitamos. El sufrimiento, cuando se comprende, deja de ser castigo y se convierte en maestro. La Kabbalah no niega el dolor; lo redime, le da sentido.
Desde la psicología, esto se conecta con el principio de resiliencia: no crecemos a pesar del dolor, sino gracias a él. Lo que duele nos obliga a expandir la conciencia, a mirar más allá del “yo herido” y conectar con el alma que observa y aprende.
🍞 El panadero y el mendigo: el milagro de la acción
La historia que cuenta el Arí (Rav Itzjak Luria) sobre el panadero que dejaba hogazas de pan en el Arca y el mendigo que las encontraba, nos revela una verdad profunda: Di-s actúa a través de nuestras acciones. Durante catorce años, ese intercambio entre ambos fue un canal de Luz tan puro que ni el ángel de la muerte podía entrar en el templo.
Ese relato es una lección psicológica y espiritual sobre la interconexión humana. Cuando damos con sinceridad, somos la mano de la Divinidad en la Tierra. Cuando recibimos con gratitud, somos el corazón del universo que se expande. Cada acto de bondad, por pequeño que parezca, mantiene vivo el circuito de la Luz.
🌟 Conclusión: el llamado eterno
El llamado “Lej-Lejá” sigue resonando hoy, dentro de cada persona que siente que su alma está lista para más. Salir de la tierra conocida no significa abandonar lo que amamos, sino abandonar lo que nos limita. Es el momento de dejar atrás la culpa, el miedo y la vieja identidad, para caminar hacia esa versión más luminosa de nosotros mismos que el Creador “nos mostrará”.
La historia de Avraham no es historia antigua: es el mapa del alma moderna. Nos recuerda que cada paso fuera de la zona de confort es una semilla de Luz, y que cada vez que elegimos amar, compartir o transformar, bendecimos al mundo entero.

Porque la verdadera tierra prometida no está en el mapa: está en el corazón que se atreve a obedecer el llamado. ✨
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