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🌟 “El Último Suspiro de la Torá: Cuando la Luz se Hace Completa”

Hay algo profundamente conmovedor en los finales. No importa si hablamos del último capítulo de un libro, del cierre de un ciclo o del último respiro de un maestro sabio. En el caso de VeZót HabBerajá (“Y esta es la bendición”), estamos ante el último suspiro de la Torá, la conclusión del Deuteronomio y, por…

Hay algo profundamente conmovedor en los finales. No importa si hablamos del último capítulo de un libro, del cierre de un ciclo o del último respiro de un maestro sabio. En el caso de VeZót HabBerajá (“Y esta es la bendición”), estamos ante el último suspiro de la Torá, la conclusión del Deuteronomio y, por lo tanto, de toda la enseñanza sagrada. No es solo un cierre; es una manifestación total, una condensación de toda la sabiduría que la Torá quiso transmitir al alma humana desde el principio.

Cada palabra en VeZót HabBerajá vibra con un eco ancestral, porque representa el momento en que la Luz espiritual alcanza su plenitud. Así como en la vida las despedidas más sabias no son tristes, sino luminosas, esta porción no nos habla de un final, sino de una realización, del punto en que toda la historia de la humanidad —y de cada uno de nosotros— encuentra sentido.

Moshé, el gran maestro, no está simplemente cerrando un libro: está entregando la totalidad de la enseñanza divina transformada en experiencia. Después de guiar, corregir y sostener al pueblo, su última acción es bendecir. Y eso nos revela algo poderosísimo: la culminación del camino espiritual no es el conocimiento, sino la bendición, es decir, la capacidad de compartir la Luz adquirida. La sabiduría que no se comparte, se marchita; pero la que se transmite, se multiplica.

En términos cabalísticos, VeZót HabBerajá representa el instante en que Maljut (el mundo físico) recibe completamente la Luz de Ze’ir Anpín (los mundos superiores). En palabras simples: es el momento en que el cielo y la tierra se abrazan, cuando lo espiritual se hace tangible y lo divino se vuelve humano. Este es el punto en el que la enseñanza deja de ser teoría y se convierte en vida.

Si lo pensamos bien, todos llegamos a ese punto en distintos momentos: cuando comprendemos por fin una lección que antes dolía, cuando logramos perdonar sinceramente, o cuando descubrimos que nuestra misión no era recibir, sino dar. En cada uno de esos instantes, revivimos VeZót HabBerajá.

No es casual que esta porción se lea justo antes de comenzar Bereshit, el Génesis. El cierre y el inicio se tocan, formando un círculo perfecto: la última letra de la Torá (ל – Lámed) y la primera (ב – Bet)** crean la palabra “Lév”, que significa corazón.** La Torá empieza y termina en el corazón, recordándonos que todo conocimiento espiritual, si no pasa por él, está incompleto.

Hoy más que nunca, cuando el mundo parece fragmentarse entre exceso de información y falta de propósito, el mensaje de VeZót HabBerajá brilla con fuerza: la verdadera sabiduría no está en saber mucho, sino en integrar todo lo aprendido en un solo acto de amor y bendición. Cada uno de nosotros, en su propio camino, tiene el poder de cerrar su “Torá personal” con una bendición: agradecer lo vivido, compartir lo aprendido y abrir el corazón a un nuevo comienzo.

Porque al final —y al principio— todo lo que importa está en el corazón.

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