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🔥 Rompiendo Velos: La llave de la Restricción para liberar la Luz

En cada persona hay una fuerza interna que busca la plenitud, pero también existen barreras que la limitan. La Cábala enseña que esas barreras son los Klipót, velos o “cáscaras” creados por nuestras acciones negativas, que envuelven el alma y la separan de la Luz. Estos velos no son castigos divinos, sino producto de nuestra…

En cada persona hay una fuerza interna que busca la plenitud, pero también existen barreras que la limitan. La Cábala enseña que esas barreras son los Klipót, velos o “cáscaras” creados por nuestras acciones negativas, que envuelven el alma y la separan de la Luz. Estos velos no son castigos divinos, sino producto de nuestra propia creación, acumulados a lo largo de la vida y de existencias anteriores. La buena noticia es que, así como los fabricamos, también tenemos el poder de romperlos.

La clave está en la Restricción (Tzimtzúm), el principio más transformador de la Cábala. La Restricción es la fuerza que nos permite desactivar los velos y conectar con la plenitud. Se trata de elegir conscientemente no reaccionar desde el Deseo de Recibir para Uno Mismo, sino transformar esa energía en un Deseo de Compartir. Al hacerlo, abrimos espacio a la Luz y damos un paso real hacia la corrección espiritual (Tikún).

La Restricción no es represión ni castigo; es el acto de imitar el movimiento original de la creación. Según las fuentes, en el principio mismo, la Luz infinita se retiró parcialmente para permitir la existencia de un espacio en donde el hombre pudiera crecer con libre albedrío. Ese acto original de Tzimtzúm sigue siendo la base de todo: cuando practicamos Restricción, estamos honrando el mismo impulso que dio inicio al universo.

La práctica es clara: cada vez que elegimos no reaccionar con egoísmo, estamos retirando un velo. Cada Klipá que se rompe se convierte en un nuevo nivel de conciencia, más elevado que el anterior, porque ahora la Luz ya no se recibe de manera automática, sino a través del mérito, con dignidad y sin Pan de la Vergüenza.

Esto tiene implicaciones profundas en la vida diaria. Cuando en una situación de conflicto elegimos no caer en la negatividad, activamos la Conciencia del Alma y silenciamos la Conciencia del Cuerpo. Ese instante de Restricción genera una transformación interna y evita crear un “espacio vacío”, donde la oscuridad podría manifestarse. En cambio, se abre un canal de Luz que fortalece nuestra vasija, equilibra nuestras emociones y hasta se refleja en el cuerpo, con mayor vitalidad y resistencia a la enfermedad.

La Cábala explica que la Conciencia de la Columna Central —el equilibrio entre dar y recibir— es lo que mantiene en orden todo el universo. La Restricción nos conecta con esa columna, unificando lo que de otro modo sería caos. Es como el sistema inmunológico espiritual: genera “anticuerpos” que protegen contra las fuerzas destructivas y nos ayudan a vivir en armonía con nosotros mismos y con los demás.

Hoy, más que nunca, necesitamos esta herramienta. La Era de Acuario, en la que estamos, ofrece una abundancia de energía y oportunidades, pero solo quienes practiquen Restricción podrán aprovechar al máximo sus beneficios. No se trata de esperar milagros externos, sino de asumir el poder personal de romper los velos que nosotros mismos hemos creado.

El mensaje es contundente: los Klipót no son eternos, la Luz sí lo es. Cada acto de Restricción es una victoria espiritual, un paso firme hacia un estado de conciencia más elevado, hacia una vida más plena y hacia el verdadero propósito de la creación: recibir la Luz, pero con mérito, dignidad y alegría.

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