La vida nos ofrece infinitas oportunidades de crecimiento, pero ninguna de ellas puede sostenerse si no hemos preparado un espacio interno para recibirlas. Así como un recipiente vacío puede contener agua pura, nuestra alma necesita convertirse en un keli —una vasija— dispuesta a albergar la Luz que el Creador desea derramar sobre nosotros.

El problema es que muchas veces cargamos tanto equipaje emocional y mental que no hay lugar para nada nuevo. ¿Cómo recibir bendiciones si seguimos aferrados a resentimientos, culpas o miedos? Identificar nuestros bloqueos personales no es un ejercicio de autocrítica destructiva, sino un acto de honestidad que nos libera. Es como mirar dentro de la vasija y darnos cuenta de qué está ocupando el espacio que debería estar reservado para la plenitud.
Los sabios nos enseñan que la transformación verdadera comienza con un deseo sincero. No basta con soñar con cambiar; hay que decidirlo. Hay personas que han vivido durante años con cadenas invisibles y, en el instante en que desearon de verdad soltarlas, su vida se transformó. Historias de reconciliación, de sanación, de empezar de nuevo después de una caída, todas ellas nos muestran que el cambio es posible cuando la voluntad se alinea con la Luz.
Este deseo auténtico es el que abre las puertas. No se trata de perfección, sino de disposición. El Creador no pide que lleguemos impecables, pide que lleguemos con el corazón abierto y las manos dispuestas a recibir. Y esa disposición no se mide en palabras bonitas, sino en actos concretos: perdonar donde antes juzgábamos, agradecer donde antes nos quejábamos, levantarnos donde antes nos rendíamos.
Lo urgente es comprender que la Luz está disponible ahora. Cada día que dejamos pasar sin preparar nuestra vasija es un día en que la abundancia, la paz o la claridad que podrían habernos alcanzado siguen esperando en lo alto. La pregunta es: ¿vamos a seguir cargando bloqueos que no nos dejan avanzar, o vamos a hacer espacio para lo que realmente queremos?
Preparar la vasija es el arte de limpiar, soltar y abrirnos a lo nuevo. Es el compromiso más sagrado que podemos asumir con nosotros mismos: estar listos para recibir la Luz que siempre estuvo destinada a nosotros. El momento no es mañana, es hoy.
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