Cada inicio de año espiritual nos regala una batalla que no se libra afuera, sino en el interior de cada uno de nosotros. En Rosh HaShaná no solo celebramos el comienzo de un ciclo, también sembramos la semilla que determinará la calidad de nuestro año. No se trata de rituales vacíos ni de un calendario más; se trata de la conciencia con la que entramos a este tiempo sagrado. Si nuestra mente y corazón están alineados, el año entero puede florecer con bendición.
El Zóhar enseña que incluso si en Rosh HaShaná no logramos revelar la Luz que nos corresponde, Yom Kippur todavía nos abre la puerta. Este día no es un castigo, es una segunda oportunidad. Es como si el Creador nos dijera: “No importa si fallaste en el primer intento, aquí tienes otra ocasión para recibir todo lo que estaba destinado para ti”. Esa posibilidad es única, y está en nuestras manos aprovecharla.
Pero hay una condición: el cambio tiene que ser real. No basta con decir “quiero mejorar” si seguimos atados a los mismos bloqueos, resentimientos o miedos. El recipiente que recibe la Luz —la vasija de nuestra alma— necesita espacio, y ese espacio solo se abre cuando soltamos lo que no nos sirve. El cambio interno no es una teoría bonita; es el requisito indispensable para vivir un año diferente.
El proceso de teshuvá, de retorno, es el mapa de este viaje. No se trata de sentir culpa ni de castigarnos, sino de volver a nuestra esencia, a ese lugar donde recordamos quiénes somos de verdad. Prepararnos para Yom Kippur es reconocer con humildad lo que nos alejó de la Luz, y al mismo tiempo despertar el deseo sincero de volver. Cada lágrima, cada reflexión, cada decisión honesta que tomamos en estos días abre más la puerta de lo Alto.
Ejemplos hay muchos: personas que en medio de la introspección de estos días decidieron reconciliarse con familiares, abandonar un hábito destructivo o incluso comenzar proyectos que habían postergado por años. Cuando el corazón se abre y se da un paso hacia el retorno, la Luz responde multiplicada. La experiencia de generaciones enteras nos muestra que estos días son una oportunidad sin igual.
La urgencia está en no dejar que el tiempo pase como si fuera una semana cualquiera. Este periodo entre Rosh HaShaná y Yom Kippur es un campo de batalla espiritual, y las decisiones que tomamos en él pueden definir nuestro destino. El cambio no puede esperar al próximo año, ni al próximo mes, ni siquiera al próximo día: es ahora.
El Creador nos extiende su mano en Yom Kippur para llenarnos de Luz, pero solo quienes hayan hecho el trabajo interno podrán sostenerla. Hoy estamos invitados a luchar esa batalla, no con espadas ni con gritos, sino con conciencia, humildad y voluntad de transformarnos. Quien entra a Yom Kippur preparado no solo cambia su año, cambia su vida entera.

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