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🌟 El Palacio del Rey: Cómo entrar por la Puerta de Adona’y

Orar no es simplemente hablar; es un acto de entrar en presencia. Las fuentes antiguas nos regalan una imagen poderosa para entenderlo: la del Palacio del Rey y sus guardianes. Esta analogía no solo despierta respeto, también nos invita a preparar el corazón y la mente antes de cada palabra dirigida a lo Divino. Se…

Orar no es simplemente hablar; es un acto de entrar en presencia. Las fuentes antiguas nos regalan una imagen poderosa para entenderlo: la del Palacio del Rey y sus guardianes. Esta analogía no solo despierta respeto, también nos invita a preparar el corazón y la mente antes de cada palabra dirigida a lo Divino.

Se nos recuerda que “el reino terrenal es similar al reino celestial”. Así como ante un rey humano uno no iría sin cuidado, mucho menos ante el Rey de reyes. Quien se acerca a orar debe reconocer la grandeza de Aquel a quien se dirige. Igual que un visitante de la corte, necesita prever obstáculos en el camino, reconciliarse con los guardianes de cada puerta y vestir lo adecuado. En términos espirituales, eso significa revisar nuestra intención, limpiar pensamientos y emociones, y asegurarnos de no llevar “vestiduras de cilicio”: impurezas que bloquean la conexión.

En este marco surge el título Adona’y (י״נדא) como la puerta de entrada fundamental. Es el primer peldaño hacia arriba y el último en el descenso divino. Corresponde a la cualidad de Maljut, la realeza, y es el canal indispensable para adherirse al Nombre esencial de HaShem. No hay acceso directo a lo más alto sin pasar antes por este umbral.

Las fuentes lo describen como un Santuario vasto y un almacén de tesoros, un receptáculo que concentra y distribuye la abundancia a toda la creación. Toda plegaria debe entrar por esta sala. Pero también aquí hay guardianes que examinan las súplicas: las oraciones egoístas, vacías o impuras son detenidas y calificadas como “no aptas”. Para despejar esos bloqueos, los sabios establecieron los cantos de David y los zemirot, destinados a cortar la fuerza de los destructores y abrir el camino.

Comprender a Adona’y como la puerta cambia nuestra forma de orar. Cada petición debe orientarse al título correspondiente, pero siempre pasa primero por este umbral. Por eso la Amidah comienza con: “Adona’y, abre mis labios…”. No es casualidad, es la llave inicial del ascenso. Y aunque Adona’y es la puerta, detrás está el Nombre esencial de HaShem, la fuente de todo. La oración aceptada en este nivel sube y se adhiere finalmente al Dios Vivo, completando el proceso de unificación.

Esta enseñanza no es solo mística; es una guía práctica. Igual que quien busca audiencia con un rey terrenal se prepara, también nosotros debemos hacerlo antes de elevar nuestra súplica. Orar no es improvisar palabras al aire: es un proceso de purificación, alineación y reverencia que refleja la estructura misma del universo.

Hoy más que nunca, en un mundo de distracciones, entender esta dinámica es vital. Si no limpiamos nuestro interior, corremos el riesgo de que nuestras palabras queden en la puerta, sin llegar al Rey. La oración consciente nos recuerda que cada palabra es un pase de entrada, cada intención es una vestidura, y cada acto de preparación abre las puertas celestiales.

La gran pregunta es: ¿estás listo para entrar al Palacio, con la conciencia y la pureza necesarias para que tu súplica llegue al trono del Rey?

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