Cada uno de nosotros carga con un regalo extraordinario: la capacidad de transformar la manera en que recibimos y damos en este mundo. La Cábala enseña que nacimos con un Deseo de Recibir, una fuerza poderosa que nos impulsa a buscar vida, placer, amor y plenitud. Pero ese mismo deseo, si queda solo en recibir para uno mismo, genera vacío, dependencia y sufrimiento. El secreto para revertir esa paradoja se encuentra en un acto simple y al mismo tiempo profundo: completar el circuito con el Deseo de Compartir.
La sabiduría cabalística explica que este circuito no puede cerrarse sin la Restricción (Tzimtzúm). No es una idea abstracta; es la ley que sostiene el equilibrio del universo y la condición indispensable para la corrección, el Tikún. Restringir significa poner un freno consciente a los impulsos egoístas, no para reprimirlos, sino para transformarlos. En esa pausa interior nace la posibilidad de decidir con libertad si queremos recibir solo para nosotros o recibir para compartir.
La Restricción: el fundamento del equilibrio
Los textos nos dicen que la Restricción tiene tres propósitos esenciales. Primero, eliminar el Pan de la Vergüenza, esa sensación de vacío que surge al recibir sin haber hecho un esfuerzo consciente. Segundo, permitir que la Luz —una energía infinita y desbordante— no nos queme, sino que podamos integrarla gradualmente. Y tercero, darnos libre albedrío. Sin restricción, quedamos vulnerables al caos, expuestos a fuerzas que nos roban energía y nos sumergen en la oscuridad.
Esto no es filosofía lejana. ¿Cuántas veces hemos sentido que algo que parecía “bueno” nos terminó dejando más vacíos o ansiosos? La Restricción es ese freno interno que nos da claridad para no dejarnos arrastrar por la inercia de la gratificación inmediata.
El circuito: de recibir a compartir
El circuito cabalístico se completa cuando el deseo cambia de naturaleza. El cuerpo —con su conciencia fragmentaria— busca solo para sí. El alma, en cambio, ansía recibir con propósito, porque sabe que lo que recibe puede convertirse en semilla de plenitud para otros. Al practicar la Restricción, la vasija de nuestro deseo se ensancha: ya no se trata de un recipiente pequeño que se llena y se vacía, sino de un espacio más amplio capaz de sostener Luz sin romperse.
Cuando la Luz encuentra ese espacio transformado, no solo lo llena, sino que lo expande aún más. Esto es lo que las fuentes describen como el paso de la Conciencia de Fisión (fragmentación, caos, ego) a la Conciencia de Fusión (unidad, armonía, totalidad). El resultado es palpable: mayor paz, relaciones más auténticas y la sensación de estar conectados a algo que trasciende.
El amor como prueba del circuito
El Zóhar lo resume en una frase que parece simple, pero que encierra todo el proceso: “Ama a tu prójimo como a ti mismo.” Amar no como un mandato moral, sino como un movimiento natural que surge cuando el Deseo de Recibir deja de ser egoísta y se transforma en deseo de dar. Ese amor no se queda en palabras; se manifiesta en gestos, en elecciones diarias, en la forma en que tratamos a otros incluso cuando nadie nos ve.
El circuito cerrado con el Deseo de Compartir es, en realidad, el mayor acto de amor. Es elegir conscientemente no ser un receptor pasivo, sino un canal de Luz que fluye.
Urgencia de practicar hoy
Vivimos en un mundo lleno de ruido, con información desbordante y una velocidad que desgasta. El egoísmo, disfrazado de éxito o de placer, nos empuja a creer que lo que vale es acumular más. Pero cada día que posponemos este cambio de conciencia es un día en el que el circuito queda incompleto, y la oscuridad gana espacio en nuestra vida y en la sociedad.
Por eso, hoy más que nunca, necesitamos esta práctica. Restringir no significa perder, sino ganar libertad. Compartir no significa quedarnos sin nada, sino abrir la llave para que la abundancia circule. La plenitud no se alcanza recibiendo más, sino transformando la manera en que recibimos.
Completar el circuito con el Deseo de Compartir es un llamado urgente: elegir ser canales de Luz, no recipientes vacíos. Cuando damos este paso, no solo corregimos nuestra vida, también restauramos la armonía del mundo. 🌟

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