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El día que el Natziv decidió cambiar su destino

La vida está llena de momentos aparentemente pequeños que en realidad marcan un antes y un después. La historia del Natziv, uno de los grandes sabios de Israel, lo demuestra con claridad. De niño era considerado un caso perdido: distraído, sin interés en sus estudios, constantemente ausente de la escuela. Nadie apostaba por él. Sin…

La vida está llena de momentos aparentemente pequeños que en realidad marcan un antes y un después. La historia del Natziv, uno de los grandes sabios de Israel, lo demuestra con claridad. De niño era considerado un caso perdido: distraído, sin interés en sus estudios, constantemente ausente de la escuela. Nadie apostaba por él. Sin embargo, un día escuchó a su madre llorando, preocupada por su futuro. Esa escena lo conmovió tan profundamente que decidió cambiar, no por obligación académica, sino porque no soportaba el dolor de su madre.

Ese instante de empatía transformó su vida entera. El mismo niño que parecía destinado al fracaso se convirtió en un erudito brillante, escribió numerosos libros y formó a miles de estudiantes. ¿Qué lo hizo diferente? No fue un milagro externo, sino la decisión interna de responder a la Luz que lo habitaba.

La enseñanza es poderosa: todos estamos destinados a revelar una porción de Luz única, pero si no actuamos, esa misión queda incompleta. El Natziv, de no haber cambiado, quizá habría sido un buen hombre, generoso y correcto, pero habría dejado sin revelar la verdadera grandeza que le correspondía. Esa es la pregunta que tarde o temprano todos enfrentaremos: ¿qué pasó con la Luz que estábamos destinados a compartir?

El mundo está lleno de personas con buenas intenciones, pero lo que transforma la historia es cuando alguien decide no conformarse, cuando asume su potencial como un deber espiritual. No basta con ser “bueno”, porque fuimos creados para ser canales de una Luz mucho mayor.

Hoy tenemos la oportunidad de elegir como lo hizo el Natziv. No esperemos a que el tiempo pase y nos preguntemos lo que pudimos haber hecho y no hicimos. Cada lágrima evitada, cada palabra de inspiración compartida, cada talento desarrollado es parte de la Luz que debemos revelar. El reloj no se detiene: el momento de transformar nuestro destino es ahora.

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