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Satán no entra solo: la puerta la abrimos nosotros

Todos enfrentamos momentos de caos, dudas o enojo. La mayoría piensa que provienen de fuerzas externas, de algo o alguien que viene a complicarnos la vida. Sin embargo, la Kabbalah enseña algo distinto: el Satán no puede actuar si no le damos entrada. No hay invasión sin permiso. Cada pensamiento negativo, cada reacción descontrolada, cada…

Todos enfrentamos momentos de caos, dudas o enojo. La mayoría piensa que provienen de fuerzas externas, de algo o alguien que viene a complicarnos la vida. Sin embargo, la Kabbalah enseña algo distinto: el Satán no puede actuar si no le damos entrada. No hay invasión sin permiso. Cada pensamiento negativo, cada reacción descontrolada, cada deseo de recibir solo para nosotros es una rendija que lo invita a entrar.

Rav Berg lo explicaba con claridad: “Dile al Satán que no está invitado”. Parece sencillo, y lo es, siempre y cuando tengamos certeza. Porque la certeza no es una idea, es una decisión interna que cierra puertas. Cuando dejamos de negociar con la negatividad y asumimos que tenemos la autoridad para desterrarla, su poder desaparece. No se trata de pelear con ella, sino de no concederle espacio.

El Zóhar recuerda que nuestra inclinación inicial siempre apunta al Deseo de Recibir para Sí Mismo. Es nuestra naturaleza básica. Pero junto a ese deseo existe otra chispa, mucho más poderosa: la Luz del Creador que llevamos dentro. Si elegimos conectar con esa Luz, la oscuridad no tiene lugar. No necesitamos buscarla afuera, ni pedir prestada claridad: ya está en nosotros esperando ser activada.

¿Quién no ha sentido cómo una emoción oscura se apodera de todo el día? Basta una pequeña grieta para que el Satán entre, y después parece imposible detenerlo. Pero la enseñanza es clara: la llave la tenemos nosotros. Si cerramos esa puerta con certeza, la negatividad no puede quedarse.

Vivimos en tiempos donde el ruido externo es constante, y esa es la trampa: pensar que la oscuridad viene de fuera cuando en realidad la rendija la abrimos desde dentro. Este es el momento para despertar la convicción de que la Luz no depende de las circunstancias, sino de nuestra elección. La oportunidad está aquí y ahora: si no cerramos esas puertas hoy, mañana ya habrán crecido las sombras. La certeza no se pospone; es la herramienta que nos protege y nos conecta con lo que verdaderamente somos.

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