Cuando escuchamos la palabra “Rosh Hashaná”, muchos piensan de inmediato en un “Año Nuevo judío”. Pero esa etiqueta se queda corta y, de hecho, puede ser engañosa. No estamos hablando de una celebración cultural, ni de una costumbre religiosa, sino de un momento cósmico que tiene impacto en toda la humanidad, lo sepas o no, lo creas o no.
Rosh Hashaná, traducido literalmente, significa “cabeza del año”. Y esta definición es precisa: no es el “comienzo” como la punta de una cuerda, sino la cabeza, el centro de control. Así como el cerebro dirige al cuerpo, Rosh Hashaná dirige lo que será tu año entero. Todo lo que se siembra ahí, en esos dos días, se proyecta en los 12 meses siguientes.
La Kabbalah nos enseña que la vida está hecha de ciclos, y que cada ciclo tiene una semilla. El Shabat es la semilla de la semana. La Luna Nueva es la semilla del mes. Y Rosh Hashaná es la semilla del año. Lo que plantas en esa semilla determina la calidad de todo el ciclo. ¿Quieres frutos diferentes? No basta con esperar, tienes que sembrar distinto en Rosh Hashaná.
Lo más poderoso de entender esto es que el tiempo no es lineal como lo vemos en el calendario; el tiempo es energía. Rosh Hashaná no es solo “el día 1 de Tishré”, es la apertura de una ventana cósmica donde la energía del universo nos permite resetear, reprogramar y alinear nuestro destino. Es como si el software del año entero se cargara en ese momento.
Y esto no es una idea romántica: a lo largo de generaciones, miles de cabalistas han descrito cómo la energía de Rosh Hashaná se siente, cómo transforma, cómo permite limpiar juicios y abrir caminos. Es un fenómeno universal. No es exclusivo de un pueblo o de una religión. La prueba está en que incluso personas que nunca habían escuchado de Kabbalah, al participar en Rosh Hashaná con conciencia, reportan cambios radicales en sus vidas.
Imagina que te entregan un guion para el próximo año de tu vida. Ahí está escrito todo: oportunidades, retos, bendiciones, desafíos. En Rosh Hashaná tienes la posibilidad de editar ese guion, de borrar escenas de caos y de abrir espacio para milagros. No es magia de espectáculo, es tecnología espiritual.
Y aquí es donde me pongo cercano contigo: todos queremos un mejor año. Todos queremos más salud, más abundancia, más relaciones llenas de sentido. Y todos, también, hemos tenido la experiencia de arrancar un año con entusiasmo y ver cómo se repiten los mismos patrones, los mismos problemas, los mismos bloqueos. La diferencia no está en los propósitos de enero, está en la semilla que sembramos en Rosh Hashaná.
Por eso es tan urgente que dejemos de ver este día como un rito cultural y empecemos a vivirlo como lo que realmente es: la cabeza del año, el momento que define hacia dónde se moverá todo. Si ignoras este día, igual pasa. Igual tu año recibe su semilla. Pero ¿no sería mejor estar consciente, preparado y con la capacidad de sembrar lo que realmente quieres cosechar?
Hoy la humanidad necesita más que nunca esta conciencia. No basta con sobrevivir un año más; necesitamos sembrar un futuro diferente. Y Rosh Hashaná nos da la oportunidad de hacerlo, de manera personal y colectiva. Es el cumpleaños de la humanidad, y cada año nos recuerda que podemos renacer, que podemos volver a elegir, que podemos sembrar luz en lugar de repetir oscuridad.
Así que no lo dejes pasar como si fuera un dato curioso. Prepárate, conecta, siembra. Porque en Rosh Hashaná no solo empieza un nuevo ciclo: empieza la posibilidad de un nuevo tú. Y esa oportunidad, créeme, no la quieres perder.

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