Hay momentos en el calendario espiritual que parecen silenciosos, pero en realidad guardan un poder inmenso. Uno de ellos es el Shabbat previo al mes de Tishré, ese único Shabbat en todo el año en el que no se bendice la Luna Nueva. A simple vista puede parecer una omisión ritual, pero en realidad es una estrategia cósmica cargada de sabiduría: mantener oculta la bendición para evitar que el Lado Negativo tenga acceso a esa Luz.
La tradición explica que en los días entre Rosh HaShaná y Yom Kippur —conocidos como los Diez Días de Juicio— estamos en un campo espiritual delicado. Todo lo que atraigamos en este lapso tiene un peso mayor en nuestra vida. Por eso, proteger la Luz de interferencias se vuelve esencial. Si normalmente recibimos bendiciones a través de la Luna Nueva, en este caso la Luz se canaliza de una manera distinta, más oculta pero igual de poderosa. Es como si el Creador nos dijera: “No te preocupes, aunque no la veas, la Luz ya está en ti y llegará a ti sin que nada externo la contamine”.
El Sefer Ietzirá, texto atribuido a Abraham el Patriarca, revela que el mes de Tishré fue creado por la letra hebrea Lámed. Curiosamente, en la Parashá Nitzavim, leída precisamente antes de Rosh HaShaná, aparece una Lámed grande en la palabra Vaiashlijem. Esa letra es mucho más que un detalle gráfico: es el canal por el cual se manifiesta la Luz que sustituye la bendición de la Luna Nueva. La enseñanza es clara: la Luz no desaparece, simplemente se revela de una manera más sutil, protegiéndonos de la interferencia del Satán.
El Zóhar nos recuerda que el Lado Negativo solo tiene poder cuando nosotros mismos abrimos una rendija. No se trata de un enemigo externo invencible, sino de una puerta que podemos decidir cerrar con certeza. Rav Berg lo resumía con sencillez: “Tan solo dile al Satán que no está invitado”. El verdadero desafío no está en los trucos cósmicos, sino en nuestra capacidad de vivir sin dar espacio a pensamientos, emociones o acciones que alimenten la negatividad.
Esta práctica nos enseña algo vital: la Luz está destinada a manifestarse en nuestra vida, incluso cuando parece escondida. El Shabbat previo a Tishré nos recuerda que la protección más grande no está en los rituales externos, sino en nuestra convicción interna de mantenernos firmes y no darle lugar a la oscuridad.
Hoy más que nunca necesitamos esta conciencia. Vivimos en tiempos donde las distracciones, los miedos y las dudas pueden abrir pequeñas grietas que terminan convirtiéndose en tormentas. Conectar con la enseñanza de este Shabbat nos permite protegernos, recibir la Luz de Tishré y entrar en Rosh HaShaná con claridad, fuerza y confianza. No dejemos pasar este momento: es una oportunidad única, una puerta que solo se abre una vez al año y que puede marcar la diferencia en todo lo que viene.

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