La parashá Ki Tavó no es solamente un relato antiguo; es un mapa espiritual que nos habla directo al corazón hoy en día. Desde el inicio nos recuerda algo poderoso: la vida está llena de “bendiciones y maldiciones”, pero la diferencia entre una y otra no está afuera, sino en cómo elegimos relacionarnos con lo que vivimos. La Kabbalah enseña que incluso lo más oscuro puede ser transformado en luz cuando sabemos conectar con la raíz espiritual de lo que nos pasa.
En la Torá, Ki Tavó habla de entrar a la Tierra Prometida y presentar las primicias, los primeros frutos. Esto no es solo un ritual agrícola; es una clave para la vida: reconocer que lo primero, lo esencial, lo debemos devolver como gratitud al Creador. La Kabbalah explica que cuando compartimos lo mejor de nosotros, abrimos un canal de abundancia que multiplica lo recibido. Y seamos sinceros, ¿quién no quiere más plenitud y menos carencia?
También aparecen en esta sección las famosas maldiciones. Suena fuerte, pero aquí está el secreto: esas “maldiciones” no son castigos, sino espejos. La Kabbalah dice que muestran lo que ocurre cuando nos desconectamos de la Luz: enfermedad, caos, confusión, estancamiento. No es que alguien “allá arriba” nos castigue, es que al apagar nuestra propia lámpara, inevitablemente quedamos en la oscuridad. El texto nos da ejemplos concretos de lo que pasa cuando elegimos la desconexión, no para asustarnos, sino para despertarnos.
La historia está llena de quienes aplicaron esta enseñanza. El pueblo de Israel, en medio de exilios y adversidades, usó la Torá y la Kabbalah como brújula para transformar sufrimiento en supervivencia, y supervivencia en sabiduría. Cada lectura de Ki Tavó es un recordatorio de que no importa cuántas maldiciones enfrentes, siempre hay un camino de regreso a la bendición si vuelves a la conexión con la Luz.
Y aquí es donde todos nos identificamos. ¿Cuántas veces sentimos que la vida se nos viene encima? Que todo se tuerce, que nada fluye… Ahí es cuando la Kabbalah nos invita a voltear la mirada hacia dentro y preguntarnos: ¿en qué momento solté la mano de la Luz? Porque la solución no está en pelear con el caos, sino en reconectar con la fuente de armonía. Esa reconexión puede empezar con algo tan sencillo como agradecer, compartir o elegir actuar desde la certeza y no desde el miedo.
Ki Tavó no es teoría antigua, es práctica de vida. Hoy más que nunca necesitamos entender que cada elección abre un canal: o hacia la bendición o hacia la maldición. El tiempo apremia, porque el mundo está lleno de ruido y distracciones que nos desconectan. Cada día que dejamos pasar sin hacer ese “regreso” es un día que podría haberse llenado de luz. La pregunta es: ¿vamos a esperar a que la oscuridad sea insoportable para reaccionar, o vamos a elegir ya la bendición?

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