Las palabras son como semillas: una sola puede florecer en un árbol de vida o convertirse en espina que hiere. El Zóhar, en la sección de Tazría, nos da una advertencia clara y poderosa: el Lashón Hará, la mala lengua, no es solo un mal hábito, es la raíz espiritual de la tzaraat, esa lepra bíblica que refleja en la piel lo que nace en el alma. Hablar mal tiene un poder destructivo que se imprime en nuestro cuerpo y en el mundo que nos rodea.
Pero la enseñanza no se queda en lo negativo. El mismo poder que puede enfermar también puede sanar. Una palabra buena, pronunciada con sinceridad, puede reparar, elevar y traer bendición. La Kabbalah nos enseña que el habla no es neutral: cada frase abre puertas, ya sea de luz o de sombra. Y está en nuestras manos elegir de qué lado queremos colocarnos cada día.
El Zóhar nos recuerda también que “el camino de los justos es como una luz que va creciendo hasta brillar plenamente” (Proverbios 4:18). Esto significa que hablar bien, constantemente, incluso en cosas pequeñas, va acumulando luz. Esa luz se fortalece paso a paso, hasta que llega un punto en el que brilla con tanta intensidad que nada puede apagarla. Es un proceso de construcción diaria: cada palabra justa, cada elogio sincero, cada aliento dado en el momento preciso, es un destello que se suma al sol de tu alma.
Todos hemos probado ambos caminos. Sabemos lo ligero que se siente dar una palabra de ánimo y lo pesado que se siente soltar una crítica malintencionada. Nadie es inmune a este poder, y justamente por eso el Zóhar lo enfatiza tanto: porque es una herramienta que usamos todo el tiempo, y de la cual depende gran parte de nuestra salud espiritual, emocional y hasta física.
En un mundo donde abundan las voces que dividen, que critican y que siembran miedo, elegir hablar bien se convierte en un acto revolucionario. No es solo cortesía: es sanación, es protección, es conexión con la luz más alta. Cada palabra buena que decimos es como encender una lámpara en la oscuridad.
La urgencia es clara: no podemos seguir hablando sin conciencia. Cada palabra cuenta, cada frase construye o destruye. El Zóhar nos invita a recordar que tenemos en la boca el poder de la vida y de la muerte, de la salud y de la enfermedad, de la luz y de la sombra. Hoy más que nunca, tu voz importa. Usa tus palabras para iluminar, porque en ellas está escondido el brillo de tu propio destino.

Deja un comentario