Las palabras no son simples sonidos. Son energía, vibración, creación. La Kabbalah enseña que el habla es un canal que conecta dos mundos: lo espiritual y lo físico, lo invisible y lo tangible. Cada vez que hablamos, estamos tendiendo un puente entre arriba y abajo. Y lo que decimos no solo influye en quien escucha, también afecta nuestra alma y nuestro cuerpo.
Hablar con santidad —es decir, con conciencia, verdad y bondad— preserva la pureza interior. Es como mantener un río limpio: el agua fluye clara y nutre todo lo que toca. Pero cuando el habla se contamina con crítica, chisme o palabras dañinas, ese río se ensucia y arrastra impurezas que tarde o temprano se reflejan en nuestra vida. No es casualidad que quienes viven entre conversaciones tóxicas carguen también con pesadez, malestar y hasta enfermedad.
El Zóhar describe que la boca puede ser un santuario o una trampa. Cuando usamos la voz para elevar, bendecir y animar, la luz divina fluye a través de nosotros, fortaleciendo nuestra Neshamá y protegiendo nuestra salud. Pero cuando hablamos mal, o incluso cuando callamos en momentos donde deberíamos decir la verdad, abrimos la puerta a fuerzas de oscuridad que contaminan nuestro interior. El silencio cobarde o la palabra negativa pesan igual: ambos bloquean el canal de conexión con la luz.
Todos hemos sentido el contraste. Una palabra de aliento nos enciende el corazón y hasta cambia nuestro día. Una palabra hiriente, en cambio, se queda resonando, nos roba energía y nos nubla. Esa experiencia nos recuerda que el poder del habla es real, no importa si creemos o no en lo espiritual. La Kabbalah solo nos da el mapa para entender por qué ocurre así.
En un mundo donde cada mensaje puede volverse viral en segundos, nunca ha sido tan urgente cuidar nuestra boca. Cada palabra que publicamos, compartimos o pronunciamos es semilla. Y esas semillas pueden dar fruto de luz o de sombra. Hablar con santidad no significa ser solemnes todo el tiempo, significa ser conscientes: elegir palabras que construyan, que eleven, que sumen.
El poder de tu habla es un don sagrado. No lo subestimes ni lo malgastes. Cada vez que hablas con conciencia, abres cielos sobre ti y sobre quienes te rodean. Cada vez que caes en lo negativo, te desconectas y dejas entrar sombras. Elige hoy con urgencia ser guardián de tu boca, porque en tu voz está la llave de tu pureza, tu salud y tu conexión con la luz.

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