“Cuando tu alma se aleja: el precio oculto de las palabras”

Las palabras no son aire vacío, son la huella más directa de lo que llevamos dentro. Cada sílaba que pronunciamos es un acto de creación que afecta a nuestra Neshamá, nuestra alma. La tradición enseña que cuando hablamos mal, la Neshamá no soporta esa vibración; se eleva con dolor y se aleja. Y al hacerlo,…

Las palabras no son aire vacío, son la huella más directa de lo que llevamos dentro. Cada sílaba que pronunciamos es un acto de creación que afecta a nuestra Neshamá, nuestra alma. La tradición enseña que cuando hablamos mal, la Neshamá no soporta esa vibración; se eleva con dolor y se aleja. Y al hacerlo, nos deja expuestos a fuerzas de impureza que buscan ocupar el espacio que queda libre.

Imagina tu alma como una llama delicada. Cada palabra positiva es oxígeno que la hace brillar, mientras que cada palabra dañina es humo que la sofoca. El Zóhar describe que el Lashón Hará, la mala lengua, no solo daña a quien lo escucha, sino también a quien lo pronuncia. Esa desconexión abre puertas invisibles por donde entran la angustia, la enfermedad y el desorden interior.

Esto no es misticismo aislado. La psicología moderna reconoce cómo los patrones de comunicación tóxicos generan estrés crónico, ansiedad y somatización. Cuando nos acostumbramos a hablar con enojo, crítica o resentimiento, creamos un ambiente interno contaminado que afecta nuestro sistema nervioso e inmune. La Kabbalah lo expresa de manera clara: al alejarse la Neshamá, lo que queda es vacío, y el vacío no tarda en ser llenado por fuerzas negativas.

Todos lo hemos sentido. Después de una discusión cargada de palabras hirientes, no solo se lastima la relación, también quedamos agotados, con el corazón pesado, como si algo dentro de nosotros hubiera retrocedido. Eso es la Neshamá alejándose, herida por el uso inadecuado de la palabra. Al contrario, cuando decimos algo bueno, un elogio sincero, una palabra de aliento, sentimos ligereza, calor en el pecho y una conexión más profunda con los demás.

El poder del habla es tan grande que puede atraer o alejar a la propia alma. No se trata solo de “ser amables” por cortesía, sino de entender que lo que decimos determina si nuestra Neshamá permanece en nosotros o nos abandona por momentos. Una vida donde la Neshamá no está presente es una vida expuesta, frágil y vulnerable.

Hoy, más que nunca, debemos cuidar nuestras palabras. En un mundo saturado de mensajes, comentarios y juicios que vuelan por redes sociales y conversaciones rápidas, la Neshamá se encuentra constantemente puesta a prueba. Cada palabra puede ser una invitación para que nuestra alma habite en paz dentro de nosotros o una razón para que se aleje con dolor.

La urgencia es clara: cuida lo que dices, no solo por respeto a los demás, sino por amor a tu propia alma. No permitas que se aleje y te deje vacío. Hablar con bondad y verdad es la mejor manera de mantenerla cerca, fuerte y luminosa, guiando tu vida hacia la plenitud.

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