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Explicación kabbalística del pasaje “Mi amado es mío, y yo soy suya”

Este versículo del Cantar de los Cantares (2:16) no es solo poesía romántica, es una clave espiritual que nos conecta con la esencia de la relación entre el alma y el Creador. “Mi amado es mío, y yo soy suya” es la expresión más simple y poderosa de reciprocidad: cuanto más nos acercamos a la…

Este versículo del Cantar de los Cantares (2:16) no es solo poesía romántica, es una clave espiritual que nos conecta con la esencia de la relación entre el alma y el Creador.

“Mi amado es mío, y yo soy suya” es la expresión más simple y poderosa de reciprocidad: cuanto más nos acercamos a la Luz, más la Luz se acerca a nosotros.

Este pasaje describe la unión entre el ser humano y el Creador como un vínculo de amor mutuo y eterno. En la Kabbalah, este “amor” no es emocional ni pasajero, sino un estado de conciencia donde la persona reconoce que pertenece a la Luz y, al mismo tiempo, la Luz se manifiesta plenamente en su vida.

Los kabbalistas lo ejemplifican con la rosa del Zóhar 🌹. La rosa es roja, pero cuando se exprime se vuelve blanca. Así ocurre con nuestras acciones: el juicio (rojo) puede transformarse en misericordia (blanco) cuando el alma se abre al amor del Creador. Miles de años de enseñanza kabbalística confirman que quienes se acercan a este nivel de conciencia experimentan paz interior, claridad y fortaleza incluso en tiempos de caos.

Y sé que no siempre es fácil sentirlo. A veces nos invade la duda, la culpa o la desconexión, y pensamos: “¿Cómo puedo ser del Creador si me siento tan lejos?”. El amor divino no se rompe por nuestros errores. Al contrario, cada intento por volver —aunque sea pequeño— reaviva el lazo con Él.

Sabemos que este versículo revela una tecnología espiritual de unidad: “Mi amado es mío” representa la Luz que entra en nuestra vasija; “y yo soy suya” es nuestra entrega, nuestra disposición a ser canales de esa Luz en el mundo. Es una danza eterna de dar y recibir.

En un mundo lleno de ruido, distracción y división, necesitamos más que nunca recordar que pertenecemos a la Luz. Cada día que pasamos sin vivir este amor, nos perdemos la oportunidad de transformar juicio en misericordia y oscuridad en alegría. Hoy es el momento de decir con convicción: “Mi amado es mío, y yo soy suya”, y dejar que esa unión guíe cada aspecto de nuestra vida.

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